Otro viernes más, vuelvo a recuperar uno de los artículos que publiqué en Referenta el año pasado.
Esta semana en la columna The Aberrant Gamer, que se publica en el blog GameSetWatch, Leigh Alexander trata lo que ella llama Completion Anxiety Disorder. Un problema que a los jugones con trabajo (y otras aficiones) posiblemente les suene familiar. Es difícil acabarse un juego con tanto por jugar.
Según Leigh, una de las causas posibles es que, al ser cada vez más caros los juegos, es difícil vender juegos “cortos” ya que una duración reducida suele repercutir en las reviews. En este aspecto yo, personalmente, no estoy de acuerdo. Cada vez es más caro hacer un juego y hacer contenido que no será disfrutado por un porcentaje elevado de los jugadores no es rentable. Así que, como aquel famoso concurso, lo ideal es encontrar es encontrar el punto optimo de duración, acercarse pero sin pasarse.
Otro punto interesante, es la cuestión de la dificultad. O bien el juego es muy fácil y no te engancha o bien es demasiado difícil y acabas dejándolo por frustración. Aquí, por mi experiencia creo que el punto crítico no es tanto la dificultad como la repetición. Un juego donde la muerte te obliga a repetir un buen trozo del nivel, como BLACK y su misiones larguísimas con un checkpoint a la mitad, frente a un juego plagado de checkpoints, donde si mueres empiezas al principio de la habitación, como God of War. O casos aun más extremos como BioShock donde no mueres nunca, solo te transportan a otro lugar.
Un tema que no trata en el artículo, es el problema que encontramos en muchos RPGs japoneses (y no japoneses) que, a partir de un cierto punto, no añaden nada nuevo. Raph Koster en su libro A Theory of Fun (que ya mencioné en la entrada sobre los juegos cortos) hablaba de que se llegaba a un punto donde dominas el juego: lo grokeas. Empezar un RPG es divertido porque vas haciéndote con el sistema de combate, aprendiendo como configurar a tu equipo de personajes y vas disfrutando del argumento. Pero casi siempre, el clímax de la historia suele ir acompañado del descubrimiento del enemigo final. En ese punto, cuando los cambios en jugabilidad son, usualmente, estéticos: usas Fuego IV en vez de Fuego I y matas al caudillo goblin demoníaco en vez de al becario goblin de la ciénaga, es cuando es mucho más satisfactorio empezar otro juego en vez de terminar ese.
Un último punto que no se trata tampoco en el artículo es la motivación, no de la que habla Leigh en su siguiente The Aberrant Gamer, sino la que nos motiva a querer acabarnos los juegos. Ya sea por saber como acaba la historia, para dominar el juego, como reto o para conseguir gallifantes virtuales y medallitas (también conocidos como Gamer Score y Logros). Supongo que cualquier motivación es buena, ya que cada cual tiene libertad de usar su juego como desee. Pero es interesante porque nuestra motivación influye en los hábitos de juego: si nos pasamos el juego varias veces en niveles de dificultad más difíciles, si nos entretenemos con misiones secundarias, etc.
Yo confieso que estoy en rehabilitación de este síndrome. Y el primer paso, como en todo, es admitir que tienes un problema. Hace tiempo decidí “dejar los RPG”, a sabiendas que me reengancharía puntualmente con Mass Effect o Fallout 3 y, últimamente, intento acabarme los juegos (sobretodo los que tengo que analizar). Todo es cuestión de disciplina y estado mental.
Algo que me ayuda mucho es jugar los juegos de uno en uno. Parece una tontería, aunque estoy casi seguro que hay alguna práctica similar en la metodología Getting Things Done, pero suele ser más fácil no distraerse si se está centrado en un juego (bueno, dos, porque usualmente juego uno en sobremesa y otro en portátil).
Es importante, por eso, como mencionan en un comentario en el articulo de GameSetWatch, saber cuando “has acabado con el juego”. En mi caso (y del autor del comentario, curiosamente) fue Disgaea, que ambos dejamos en el punto en que tocaba rejugar misiones para subir personajes de nivel. Cada cual tiene que decidir cuando es mejor dedicarse a otra cosa, recordemos que jugamos por diversión no por obligación.
Y, vosotros, ¿os acabáis todos (o la mayoría de) los juegos que empezáis?