¿El Ozempic cura la autoestima?

A finales del pasado verano, la tenista Serena Williams publicitó un nuevo fármaco para adelgazar. En dicho anuncio se decía, en palabras de la propia Serena: “Dicen que el GLP-11  es un atajo para perder peso, pero no lo es. Es ciencia”. 

Desde hace unos años, hemos visto como actrices, cantantes, modelos e influencers han hablado sobre el uso del Ozempic2 para adelgazar. En la mayoría de estos casos, se ha utilizado el discurso de mejorar la salud a través de la delgadez, entendiendo como sinónimos estos conceptos. 

Esto nos hace preguntarnos, ¿realmente lo hacemos por salud?, ¿los intereses de estas compañías farmacéuticas se corresponden con la promoción de hábitos saludables o con la generación de miedo a la “gordura”?

En primer lugar

Debemos conocer los efectos perjudiciales relacionados con el uso del Ozempic y fármacos similares.

A nivel psicológico, se han podido ver reflejados ya, alteraciones en la conducta alimentaria, dependencia, cambios sociales y alteraciones en el estado de ánimo.

A nivel fisiológico destacan problemas gastrointestinales, fatiga, deshidratación que conduce a problemas renales, mareos e hipoglucemia. 

Pese a estos efectos, tenemos consumo cronificado de Ozempic, extendiendo los tratamientos durante años con el único objetivo de la pérdida de peso (no orientado al tratamiento de la diabetes). Esto nos hace plantearnos otra pregunta: ¿cómo hemos normalizado su consumo como sociedad?

El fenómeno “Ozempic” es complejo porque convergen intereses económicos (recordemos que la pareja de Serena Williams es inversor y directivo de la compañía farmacéutica que produce el GLP-1), preocupaciones por la salud y la presión estética.

Existe un aumento de la presión social sobre la imagen corporal, tras una etapa en la que crecían los movimientos que abrazaban la diversidad corporal. De hecho, durante años, Serena Williams ha sido considerada un referente de diversidad corporal y un ejemplo de un cuerpo fuerte y atlético como sinónimo de salud y éxito, sin encajar en el estándar de delgadez.

El problema no reside en el consumo del fármaco, sino el en argumento de la “ciencia” y el mensaje que subyace a este anuncio: “si no tienes un cuerpo delgado es porque no quieres”, anulando así la representación de la diversidad corporal. Eliminando, como consecuencia, escenarios en los que mujeres puedan habitar cuerpos grandes y saludables. 

En segundo lugar

Tenemos el argumento de “ser una solución pautada médicamente”, reforzando la narrativa de que los cuerpos gordos son patológicos de base. Entendiendo, desde hace años, que la salud de una persona no se puede simplificar en una corporalidad y habiendo demostrado en sendos estudios científicos que patologizar un cuerpo provoca vergüenza, estigma y reduce nuestra motivación para cuidarnos.

Este problema tiene una simple solución: trabajar con marcadores de mala salud en lugar con un nivel alto de masa corporal. 

El riesgo del fenómeno “Ozempic” radica en la vuelta a una sociedad que niega la existencia de diversidad de cuerpos saludables y estigmatiza a los que salen de ese ideal estético.

Ya no es solo un fármaco para una población que presenta alguna patología, es deseado por personas que sufren las consecuencias de estos estándares y la “violencia estética”.

Normalizamos el uso de fármacos como medios para alterar el aspecto de nuestros cuerpos y lograr esa ansiada belleza y validación social. 

¿Qué me encuentro yo en las consultas como psicóloga?

El uso del Ozempic (o similares), no ayuda a mitigar el sufrimiento por la imagen.

A corto plazo, puede generar algo de tranquilidad, ilusión, motivación y percepción de control; pero, a largo plazo, obtenemos personas que no han trabajado sus problemas emocionales.

Además, son tratamientos, pautados en su mayoría (cuando están orientados a la pérdida de peso) con una temporalidad, que puede ser extensa, pero no infinita. Lo que hace que estas personas se vean sin recursos al acabar estos tratamientos, sin incluir las interrupciones de los mismos debido al elevado coste y la incapacidad para sostenerlo económicamente.

Al terminar, descubrimos que no han trabajado su autoestima, su historia de vida o el establecimiento de rutinas saludables, fundamentales para enfrentar los efectos de la presión estética.

Volviendo a las preguntas del inicio: ¿realmente lo hacemos por salud?, ¿los intereses de estas compañías farmacéuticas se corresponden con la promoción de hábitos saludables o con la generación de miedo a la “gordura”?

El “fenómeno Ozempic” se está produciendo en un momento histórico en el que hemos vuelto a la estética dosmilera3 que, para los que no vivisteis esta época, se caracterizó por la delgadez extrema.

Ya las revistas de moda relevantes han hecho referencia a este cambio resaltando, entre otras, la vuelta de las siluetas “skinny”4, talles bajos de pantalones, etc. Todo esto, mientras los discursos de diversidad corporal se debilitan y, en no pocos casos, se ven cuestionados, afectando directamente a quienes encontraban un espacio seguro y sostén en esos movimientos. 

https://elpais.com/salud-y-bienestar/2025-08-28/serena-williams-anuncia-un-farmaco-antiobesidad-cuales-son-los-limites-eticos-en-la-perdida-de-peso.html

  1. El GLP-1 es un fármaco que imita la acción de una hormona intestinal que regula el azúcar en sangre y el apetito.
  2. Versión comercial de GLP-1.
  3. Se refiere a la estética y cultura de la década de los 2000.
  4. Corte de prenda muy ajustado al cuerpo, especialmente en los pantalones, que se amoldan a la figura como una «segunda piel» desde la cadera hasta el tobillo.

Imagen de KamranAydinov en Freepik

Laura Santi

Psicóloga Sanitaria (Col. AN10267). Área de Adicciones químicas y psicológicas y de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz).