¿Son las bebidas energéticas un problema para los jóvenes?
Hace unas semanas La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado (CEAPA) lanzó una campaña con el lema “Dan la lata, no alas”; en ella, conciencian sobre lo que se ha convertido en un problema para los jóvenes: el consumo de bebidas energéticas.
Esta acción destaca la normalización social del consumo de este tipo de bebidas que generan efectos negativos sobre el sueño, rendimiento escolar, estado emocional, salud mental y física de los jóvenes Este tipo de productos contienen en altas dosis cafeína, azúcares y otros estimulantes, que ya han demostrado ser perjudiciales en la infancia y adolescencia.
Hay poca información y por ello, muchas familias desconocen los efectos secundarios del consumo. Tenemos que desmitificar la idea de que son “simples refrescos”. Una lata de este tipo de bebidas puede contener entre 70 y 80 mg de cafeína (esto equivale al consumo de dos o tres cafés). Por otro lado el azúcar, entre 27 y 35 g, lo que supone más del 100% de la ingesta diaria recomendada para menores. Por último, suelen incluir otros estimulantes como taurina, guaraná o ginseng, sustancias para las que no existe una regulación específica en población infantil y adolescente.
En el campo de la salud, los efectos son diversos. En primer lugar nos encontramos ante el insomnio, la falta de descanso provoca cansancio acumulado y afecta directamente a la memoria, la concentración y el estado de ánimo. A continuación, también se destacan ansiedad, nerviosismo e irritabilidad; con manifestaciones frecuentes como cambios bruscos de humor, agresividad o inquietud constante que pueden estar directamente relacionados con el consumo de bebidas energéticas.
Siguiendo con los efectos en salud mental y física, tenemos la dependencia, la cafeína genera tolerancia e impulsa al aumento progresivo de la cantidad consumida para lograr el mismo efecto. A nivel académico, el informe destaca efectos como bajo rendimiento escolar, los jóvenes que consumen este tipo de bebidas obtienen peores resultados académicos, en gran medida debido a la alteración del sueño y al impacto negativo sobre los procesos de aprendizaje.
Los datos actuales son alarmantes. El 47,7% de los y las adolescentes de entre 14 y 18 años consume bebidas energéticas de forma regular, mientras que el 38% de los y las menores de 12 y 13 años ya las ha probado. Sin tener en cuenta la combinación con el alcohol, uno de cada diez menores de 12 años reconoce haberlas mezclado con bebidas alcohólicas, porcentaje que asciende al 19,5 % entre los adolescentes.
La campaña entiende a la familia como primera barrera de protección frente al consumo de bebidas energéticas, centrándose en tres ejes:
- Informarse y reconocer las señales: signos de insomnio, irritabilidad, nerviosismo constante, descenso del rendimiento escolar o la petición frecuente de dinero para comprar estas bebidas.
- Hablar con los hijos/as: hablar abiertamente con los hijos e hijas, explicándoles qué contienen realmente estos productos y desmontar su mensaje publicitario.
- Establecer límites claros desde el ejemplo: no permitir su consumo en casa, ofrecer alternativas saludables y fomentar hábitos que realmente mejoran la energía.
El ejemplo adulto resulta clave, si las personas adultas no las consumen, los menores difícilmente las percibirán como algo normal.
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Laura Santi
Psicóloga Sanitaria (Col. AN10267). Área de Adicciones químicas y psicológicas y de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz).



