Infancia y dolor crónico en familia: impacto en salud mental

Cuando pensamos en el dolor crónico, solemos centrarnos en quien lo padece, y esto es un error, ya que este problema de salud va mucho más allá de la persona, afecta profundamente a todo el entorno familiar, especialmente a los hijos. En los últimos años, la psicología ha puesto el foco en estos niños y adolescentes, y lo que vemos es claro, convivir con un padre o una madre con dolor crónico puede influir en su desarrollo emocional, social e incluso físico. 

El dolor crónico es aquel que persiste durante meses o años y suele ir acompañado de fatiga, irritabilidad, ansiedad o depresión. En la mayoría de los casos esto puede dificultar la disponibilidad emocional del progenitor. No debemos entenderlo como falta de afecto, sino una limitación real.  Hay días en los que el dolor reduce la paciencia, la energía o la capacidad de atención. Para un niño, esto puede traducirse en confusión, inseguridad o sensación de inestabilidad.

La evidencia científica indica que estos niños presentan, en promedio, mayor riesgo de desarrollar dificultades emocionales como ansiedad o tristeza persistente (Cáceres-Matos et al., 2019). También pueden mostrar mayor sensibilidad al estrés o dificultades en la regulación emocional. En la mayoría de los casos, no es el dolor en sí lo que más impacta, sino el clima emocional que se genera alrededor de él.

Muchos de estos niños no comprenden bien lo que ocurre en casa. Los más pequeños, en particular, pueden interpretar el dolor como una enfermedad constante o incluso sentirse responsables de lo que sucede. Por eso, la comunicación clara y adaptada a la edad es un factor protector clave.

Otro fenómeno clave es la “parentificación”, es decir, cuando los niños asumen roles que no les corresponden por edad. Por ejemplo, pueden encargarse de tareas domésticas o cuidar emocionalmente al progenitor. Esto tiene una doble cara, por un lado, puede fomentar la madurez y la empatía, pero también puede generar sobrecarga emocional si se mantiene en el tiempo.

Uno de los hallazgos más interesantes de la investigación es la llamada transmisión intergeneracional del dolor. Los hijos de padres con dolor crónico tienen más probabilidades de desarrollar problemas similares en el futuro (Stone & Wilson, 2016). ¿Significa que es inevitable? No.

Entran en juego no solo los factores biológicos, sino también el aprendizaje. Es decir, los niños observan cómo sus padres interpretan y reaccionan al dolor, y pueden interiorizar esas formas de afrontarlo. Por ejemplo, si el dolor se vive con miedo, evitación o catastrofismo, es más probable que el niño adopte esas mismas respuestas. En cambio, si se promueve una actitud de afrontamiento activo y realista, el impacto puede ser mucho menor (Miró et al., 2018).

¿Qué podemos hacer en estos casos? 

El entorno familiar juega un papel clave. Mantener una comunicación clara, ofrecer apoyo emocional y sostener cierta estabilidad ayuda a reducir el impacto del dolor crónico en los hijos. No se trata de eliminar el problema, sino de aprender a gestionarlo dentro del hogar. Además, entrenar a los niños en la identificación y regulación emocional les permite comprender mejor lo que sienten y responder de forma más adaptativa, reduciendo la sobrecarga emocional. (Ferrer Peñafiel, 2019).

También es importante destacar que no todos los hijos de padres con dolor crónico desarrollan dificultades. Muchos muestran una notable capacidad de adaptación. La resiliencia, es decir, la habilidad para afrontar situaciones adversas puede fortalecerse cuando el niño cuenta con otros apoyos como otro cuidador disponible, familiares, profesores o incluso amigos.

En este sentido, la intervención psicológica no debe centrarse únicamente en la persona con dolor, sino en la familia como sistema. Programas de psicoeducación, apoyo emocional, mejora de la comunicación familiar, entrenamiento en identificación y regulación emocional han demostrado ser útiles para reducir el impacto en los hijos.

Conclusión

En conclusión, crecer con un padre o madre con dolor crónico puede suponer un desafío importante, pero no determina el futuro del niño. Comprender lo que ocurre, hablarlo abiertamente y ofrecer apoyo adecuado puede marcar una gran diferencia. La clave no solo está en el dolor, sino en cómo la familia aprende a convivir con él.

Referencias

  • Cáceres-Matos, R., Gil-García, E., Barrientos-Trigo, S., Porcel-Gálvez, A. M., & Cabrera-Troya, J. (2019). Consecuencias del dolor crónico en la infancia y adolescencia. Gaceta Sanitaria, 33(3), 272–279. 
  • Ferrer Peñafiel, L. (2019). ¿Existe relación entre el apoyo familiar y el dolor crónico? Una revisión bibliográfica. Universidad de las Islas Baleares. 
  • Miró, J., McGrath, P. J., & Finley, G. A. (2018). Psicología del dolor crónico infantil. Sociedad Española del Dolor. 
  • Stone, A. L., & Wilson, A. C. (2016). Transmission of risk from parents with chronic pain to offspring: An integrative conceptual model. Pain, 157(12), 2628–2639. 

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Natalia Avellaneda

Psicóloga Sanitaria (Col. M-18157) y Psicooncóloga. Área de Psicooncología, enfermedades, dolor crónico y cuidados paliativos del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz).