TRABAJO, INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y MIEDO AL REEMPLAZO

La conversación sobre inteligencia artificial en el trabajo suele centrarse en productividad, innovación y eficiencia. Sin embargo, desde la psicología, el verdadero núcleo del problema no está solo en la tecnología, sino en lo que esta despierta en la mente humana: incertidumbre, pérdida de control, anticipación de amenaza y miedo al reemplazo. Cuando una persona empieza a preguntarse si su experiencia, su criterio o incluso su puesto pueden volverse prescindibles, no se activa únicamente una preocupación laboral; se activa también una respuesta emocional profunda vinculada con la identidad, la seguridad y el valor personal.

Ese miedo no nace de la nada. El World Economic Forum señaló en su Future of Jobs Report 2025 que la transformación laboral afectará al 22% de los empleos de aquí a 2030: se prevé la creación de 170 millones de nuevos puestos, pero también el desplazamiento de 92 millones. Además, el 86% de los empleadores espera que la inteligencia artificial y el procesamiento de información transformen su negocio en este mismo periodo. Estos datos no significan que el trabajo humano vaya a desaparecer, pero sí confirman que millones de personas perciben que el suelo bajo sus pies se está moviendo.

La Organización Internacional del Trabajo, en su actualización de 2025 sobre IA generativa y empleo, ofrece una conclusión especialmente relevante para la psicología: uno de cada cuatro trabajadores en el mundo está en una ocupación con algún grado de exposición a la IA generativa, pero el efecto más probable no es la eliminación masiva del empleo, sino la transformación de las tareas. En otras palabras, la amenaza psicológica no siempre proviene de perder el trabajo de forma inmediata, sino de no reconocer ya el propio papel dentro de él. Cuando cambian las funciones, cambian también las fuentes de competencia, autoestima y sentido de eficacia.

La investigación psicológica lleva décadas mostrando que la inseguridad laboral es un estresor poderoso. En 2025, la American Psychological Association informó que el 54% de los trabajadores estadounidenses dijo que la inseguridad laboral había tenido un impacto significativo en su estrés en el trabajo, y un 39% expresó temor a perder su empleo en los siguientes doce meses debido a cambios políticos y económicos. Entre quienes percibían cambios fuertes en sus organizaciones, aumentaban síntomas como la falta de energía, el agotamiento emocional y la dificultad para concentrarse. El hallazgo es importante: las personas no se derrumban solo por lo que ocurre, sino por lo que temen que pueda ocurrir.

Desde un punto de vista psicológico, el miedo al reemplazo por IA se parece a otras formas de amenaza anticipatoria. El cerebro humano tolera mejor una mala noticia concreta que una incertidumbre prolongada. No saber qué tareas serán automatizadas, qué habilidades seguirán siendo valiosas o cuánto tiempo queda para adaptarse genera hipervigilancia cognitiva. La persona comienza a leer cada cambio como una señal de peligro: una nueva herramienta, una reestructuración, una formación obligatoria o una caída de tareas rutinarias. Esa hipervigilancia erosiona la concentración, incrementa la ansiedad y puede llevar a una sensación persistente de fragilidad.

Hay además un aspecto más íntimo: para muchas personas, trabajar no es solo producir, sino confirmar quiénes son. El trabajo estructura el tiempo, organiza la autoestima y ofrece reconocimiento social. Por eso, cuando la IA amenaza con ejecutar más rápido tareas que antes daban prestigio, experiencia o estabilidad, algunas personas no solo sienten miedo profesional, sino también una herida narcisista: “si una máquina puede hacer esto, ¿qué valor tengo yo?”. Esta pregunta, aunque a veces no se verbalice, resulta central para comprender el malestar contemporáneo. La amenaza no siempre es económica; muchas veces es existencial.

La Organización Mundial de la Salud recuerda que los entornos laborales con baja sensación de control, sobrecarga, desigualdad y job insecurity constituyen factores de riesgo para la salud mental. Según este organismo, la depresión y la ansiedad provocan la pérdida de aproximadamente 12.000 millones de jornadas laborales al año y cuestan cerca de un billón de dólares en productividad perdida. El dato es revelador porque muestra que el problema no es individual ni anecdótico: cuando el trabajo se vive como amenaza constante, el cuerpo y la mente pagan la factura.

El contexto general tampoco ayuda. Gallup, en su State of the Global Workplace 2025, State of the Global Workplace 2025 Report  situó el compromiso global de los empleados en el 21%, con una caída particularmente notable entre managers. También estimó que la baja implicación laboral costó 438.000 millones de dólares en productividad. Aunque el desenganche no puede atribuirse solo a la IA, sí dibuja un escenario emocional propicio para que cualquier transformación tecnológica sea vivida con más temor que curiosidad. Una persona agotada, poco escuchada y emocionalmente desvinculada afronta peor cualquier cambio.

Por eso, la discusión seria sobre IA y empleo no debería limitarse a qué tareas desaparecerán, sino a cómo acompañar psicológicamente a quienes sienten que su lugar se vuelve incierto. La adaptación no depende solo de aprender nuevas herramientas, sino de preservar agencia, sentido de utilidad y confianza en la propia capacidad de reinventarse. Las organizaciones que comuniquen con claridad, formen con tiempo y reduzcan la incertidumbre protegerán algo más que resultados: protegerán la estabilidad mental de sus equipos. Porque el trabajador que teme ser reemplazado no necesita únicamente capacitación; necesita también certeza, reconocimiento y un horizonte posible.

La gran pregunta de esta época no es si la inteligencia artificial podrá hacer más cosas que nosotros, sino qué ocurrirá con una sociedad que empieza a medir el valor humano en términos de reemplazabilidad. Cuando el trabajo deja de ser un espacio de sentido y se convierte en una prueba constante de supervivencia, no solo se precariza el empleo: también se erosiona la identidad. Y una sociedad que debilita la identidad de quienes la sostienen termina volviéndose más eficiente, sí, pero también más frágil.

State of the Global Workplace 2025 Report

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Sebastián Villanueva

Director del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz). Psicólogo Sanitario (Col. M-33875). Responsable del Área de Psicología Afirmativa y Diversidad LGBTIQ+.