La era de la desconexión social
El pasado año la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe que trata sobre una de las problemáticas más generalizadas: la desconexión social. La OMS considera que la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social. La conexión social supone la clave para el tercer componente de esta definición.
Para comprender este informe necesitamos conocer el concepto de desconexión social. Esta se produce cuando una persona no tiene suficiente contacto social, no se siente apoyada o cuando sus relaciones son tensas o negativas. La desconexión social puede manifestarse como soledad y aislamiento social.
Aproximadamente, una de cada seis personas en el mundo se siente sola.
Las causas de la soledad y el aislamiento se agrupan en cuatro:
- Factores individuales: cambios vitales, salud o expectativas sociales.
- Factores comunitarios y ambientales: la falta de espacios públicos accesibles, infraestructura social y las desigualdades territoriales.
- Factores sociales y estructurales: desigualdades socioeconómicas, la discriminación, estigmas relacionados con la soledad o crisis sociales.
- Cambios tecnológicos y culturales: automatización de servicios, uso de inteligencia artificial, el uso excesivo de redes sociales y la aceleración del ritmo de vida.
Estos factores actúan de manera combinada a lo largo de la vida de las personas. Como consecuencia, se observa un aumento del riesgo de padecer problemas graves de salud e incluso la muerte prematura. Entre 2014 y 2019 en el mundo se produjeron más de 871000 muertes relacionadas con la soledad. La soledad y el aislamiento social se relacionan con cardiopatías, accidentes cerebrovasculares, hipertensión o diabetes, además de depresión, ansiedad e incluso pensamientos de autolesión o suicidio.
A gran escala, la soledad afecta a comunidades y países enteros. No solo porque supone un costo de miles de millones en pérdidas de productividad y atención de salud, sino también porque cuando tenemos relaciones de confianza, creamos sociedades fuertes y resilientes.
¿Cómo podemos mejorar esta situación?
Se pueden desarrollar programas que ayuden a reducir el estigma asociado a la desconexión social, movilización de apoyos y cambios de normativa. Ya hay países que trabajan en ello. A nivel comunitario, se propone mejorar la infraestructura social, mejorando los espacios y servicios comunitarios. A nivel individual y relacional, el informe plantea la mejora en la formación en habilidades sociales y comunicativas, programas que promuevan la interacción social y la terapia o apoyo psicológico.
La Comisión de Conexión Social de la OMS propone centrarse en cinco ámbitos importantes para reducir la desconexión social:
- Políticas: Los gobiernos deben crear una política nacional que fomente la conexión social.
- Investigación: La OMS debe ofrecer orientaciones claras, con base científica, sobre qué funciona a la hora de reducir el aislamiento social.
- Intervenciones: ampliar las intervenciones eficaces en función de costos.
- Medición y datos: disponer de mejores datos mundiales sobre la magnitud del problema y a quién afecta.
- Participación: lograr la participación de todos los agentes fundamentales para que la conexión social se convierta en una prioridad.
Debemos tener una imagen más ajustada de la desconexión social, dejar de asociarla solo a ciertas sociedades o al envejecimiento. Es una realidad que atraviesa todos los grupos sociales, regiones y sectores, generando costes significativos. Tratarla debería ser un objetivo prioritario para crear sociedades más sanas.

Laura Santi
Psicóloga Sanitaria (Col. AN10267). Área de Adicciones químicas y psicológicas y de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz).



