Maternidad y TEA: impacto del procesamiento sensorial en el embarazo, parto y lactancia
Vamos a recordar nuestro embarazo, las revisiones ginecológicas, el día del parto, y la lactancia. Quiero que cierres los ojos e intentes recordar las revisiones ginecológicas, sentarte en el potro, las eco vaginales, las transvaginales, el camino a la sala de partos o el quirófano, los olores, los colores, las palabras de las enfermeras, matronas, ginecólogos, etc. Algunas mujeres lo recuerdan como algo casi mágico y otras en cambio lo recuerdan con dolor, largo y casi inhumano. Pero alguna vez te has parado a pensar cómo pueden llegar a vivirlo las mujeres con Trastorno del Espectro Autista (TEA.)
La maternidad en mujeres con TEA implica afrontar las mismas exigencias biológicas que cualquier mujer, pero bajo un procesamiento sensorial, emocional y cognitivo diferente. Las revisiones ginecológicas, el parto y la lactancia suponen una carga de estímulos físicos y sociales que pueden resultar especialmente desreguladores. En este artículo intento que se analicen las principales dificultades asociadas al embarazo avanzado, al momento del parto y al inicio de la crianza.
Revisiones ginecológicas durante el embarazo: vulnerabilidad y sobrecarga
Cuando la mujer se queda embarazada, se requiere de un seguimiento obstétrico que implica exploraciones repetidas: tactos vaginales, ecografías transvaginales, monitorizaciones, análisis sanguíneos, etc., procedimientos habituales en obstetricia que pueden resultar incómodos o invasivos, y que en mujeres con TEA pueden convertirse en experiencias claramente desbordantes. Se estima que hasta el 80% de las personas con TEA presentan alteraciones en el procesamiento sensorial (Ben-Sasson et al., 2009).
Imaginemos ahora un tacto vaginal, en la mujer puede llegar a ser molesto, en cambio en la mujer con TEA la hipersensibilidad táctil puede convertir esta vivencia en una experiencia invasiva intensa. Lo mismo ocurre con la hipersensibilidad auditiva, al escuchar el corazón del bebé. Para las madres, es un momento muy especial, lo mismo ocurre para las madres con TEA, sin embargo, en este caso el ruido del monitor fetal lo pueden percibir amplificado, ya que no solo hablamos de intensidad sino también de la frecuencia del sonido, es decir la cantidad de vibraciones (cuanto más rápida es la vibración, mayor es la frecuencia y más agudo es el sonido.) La hipersensibilidad interoceptiva (señales internas del cuerpo como los latidos, la respiración, el hambre, etc.,) puede aumentar la percepción de presión, distensión o dolor.
Para ayudar a estas mujeres, existen programas de habituación ginecológica donde se describe cómo la exposición progresiva y estructurada reduce la evitación médica. Sin embargo, en el embarazo real los tiempos no siempre permiten una desensibilización ideal. Esto coloca a muchas mujeres en una posición de alta vulnerabilidad emocional.
Además, las dificultades en función ejecutiva (Russell, 2000) pueden incrementar la ansiedad ante la incertidumbre de resultados médicos o cambios en el plan de parto. La anticipación visual y la explicación detallada de procedimientos —principios derivados del modelo TEACCH (Mesibov et al., 2004)— no son un lujo, son una necesidad clínica.
El momento del parto: una tormenta sensorial
El parto en sí es, fisiológicamente, una experiencia intensa, nos encontramos con:
- Dolor visceral creciente.
- Cambios bruscos de postura.
- Contacto físico frecuente con profesionales, y también por estudiantes.
- Luz intensa.
- Olores hospitalarios.
- Ruidos de maquinaria y conversaciones.
- Cambios imprevistos (inducción, cesárea urgente).
Pero para una mujer con TEA puede convertirse en una tormenta sensorial. Imaginemos que tenemos hipersensibilidad táctil, nos cuesta asimilar que nos toquen, y estas mujeres viven cada monitorización como invasión corporal. Para quien presenta hipersensibilidad auditiva, el entorno hospitalario puede resultar ensordecedor, el ruido de los monitores, el personal médico hablando a veces chillando, el sonido del instrumental, etc. Si, además, existe necesidad marcada de control y predictibilidad, la incertidumbre del proceso puede disparar respuestas de ansiedad o incluso bloqueo conductual.
Cuando esta sobrecarga ocurre sin adaptación ni anticipación suficiente, aumenta el riesgo de vivencia traumática del parto. En mujeres con TEA, el estrés extremo puede favorecer respuestas de disociación como mecanismo defensivo ante la saturación sensorial. Además, la combinación de dolor, imprevisibilidad y falta de control puede incrementar el riesgo de síntomas compatibles con TEPT posparto. Si la experiencia fue caótica o mal comunicada, puede existir dificultad para integrar narrativamente después, perpetuando el malestar psicológico.
Por ello, no es infrecuente que mujeres con TEA describan el parto como una experiencia traumática, no necesariamente por el dolor físico, sino por la pérdida de control y la sobrecarga sensorial. Por mucho que les expliquemos la diferencia entre un parto vaginal y una cesárea, la realidad supera muchas veces la vivencia subjetiva. Es muy importante trabajar con estas mujeres la psicoeducación, explicarles paso a paso qué puede ocurrir, quién estará presente, cuánto puede durar cada fase, y luego cumplirlo en el ámbito hospitalario.
Además, el estilo comunicativo durante el parto tiene un impacto directo en la regulación emocional. En mujeres con TEA, el lenguaje ambiguo o metafórico puede resultar desestabilizador bajo dolor intenso. Expresiones como “ahora viene lo peor”, “empuja fuerte” o “relájate” pueden generar confusión si no se acompañan de instrucciones concretas y secuenciales. La comunicación debe ser clara, literal y estructurada, indicando qué va a ocurrir, durante cuánto tiempo y qué se espera exactamente de la madre en cada momento.
Otro punto muy importante es el del consentimiento informado, pues este debe ser especialmente cuidadoso. No basta con firmar; es imprescindible comprobar la comprensión real bajo estrés.
La transición inmediata: contacto piel con piel y regulación
Una vez hemos dado a luz, se promueve el contacto piel con piel, este contacto debería ser al menos de dos horas seguidas sin interrupciones, ya que permite estabilizar la respiración, temperatura, frecuencia cardíaca y el azúcar del bebé, además de potenciar el vínculo afectivo y la lactancia materna. Desde la neurobiología es muy beneficioso, sin embargo, desde el punto de vista sensorial en estas madres, puede resultar ambivalente.
El contacto continuo, la temperatura corporal del bebé, su llanto agudo y los movimientos impredecibles pueden generar sobrecarga en mujeres con hipersensibilidad táctil y auditiva. Esto no debe interpretarse como una falta de vínculo, solo implica que el sistema nervioso de estas mamás procesa la estimulación de manera diferente. Además, las interpretaciones sociales de estas posibles reacciones “no parece emocionada” o “qué madre más fría”, añaden presión emocional innecesaria. Es fundamental saber diferenciar regulación sensorial de vinculación afectiva
Lactancia materna: estímulo constante, demanda constante
Para las madres, la lactancia supone:
- Succión repetitiva.
- Estimulación continua del pezón.
- Cambios hormonales bruscos.
- Falta de sueño.
- Ritmo impredecible de tomas.
En madres con hipersensibilidad táctil, la succión puede resultar dolorosa incluso cuando técnicamente es correcta. En mujeres con dificultades interoceptivas, las sensaciones corporales asociadas a la subida de la leche pueden resultar desconcertantes. Es necesario informar y respetar las decisiones personales. La maternidad en TEA requiere exactamente de respeto informado. Forzar la lactancia en una madre que experimenta sobrecarga severa puede aumentar el riesgo de ansiedad o depresión posparto.
Muchas madres con TEA describen algo similar a lo que en la literatura anglosajona se denomina D-MER (Dysphoric Milk Ejection Reflex). No siempre es eso, pero la descarga sensorial + hormonal puede vivirse como malestar emocional súbito.
Para ello el apoyo debe centrarse en:
- Explicar opciones (lactancia mixta o artificial).
- Ajustar entornos (luz tenue, reducción de ruido).
- Permitir pausas sensoriales.
En este apartado también podemos hablar del tema de la privación de sueño. La crianza temprana implica la fragmentación del sueño. La falta de descanso afecta significativamente a cualquier madre, pero especialmente a la mujer con TEA especialmente en la regulación emocional y en la función ejecutiva. Esto es sencillo de entender, si ya existe tendencia a la sobrecarga sensorial, la falta de sueño y la estimulación constante pueden generar irritabilidad, llanto frecuente o necesidad de aislamiento, y esto ser malinterpretado por el entorno como rechazo al bebé, cuando en realidad es una respuesta neurofisiológica ante la saturación.
En esta etapa la implicación del entorno, especialmente del padre, puede ayudar considerablemente a solucionar este problema. Por ello es muy importante que el padre y el entorno más cercano también reciba psicoeducación al respecto.
Conclusión
El parto y la maternidad en mujeres con TEA no son problemáticos por definición, el problema radica en ignorar su sistema nervioso que responde de forma diferente a la estimulación. Por tanto, no necesitan un parto distinto en el plano médico, solo un entorno distinto en lo sensorial y lo comunicativo. Si nos esforzamos por crear una estructura, nos anticipamos y trabajamos en terapia la exposición gradual, veremos que se reduce significativamente la ansiedad de estas mamás. Es decir, aplicado al parto y al posparto:
- Plan de parto sensorial (controlar la luz, el ruido y el número de personas).
- Dar una información clara y secuencial.
- Tener un profesional de referencia estable.
- Crear espacios de recuperación con baja estimulación.
Referencias
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· Westgate, V. & O’Mahen, H. (2024). Autistic Women’s Experiences of the Perinatal Period.
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Natalia Avellaneda
Psicóloga Sanitaria (Col. M-18157) y Psicooncóloga. Área de Psicooncología, enfermedades, dolor crónico y cuidados paliativos del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz).



