¿Por qué cada vez hay más niños con selectividad alimentaria?

¿De verdad hay más niños con selectividad alimentaria?

«Mi hijo solo come pasta, pan y nuggets.»

«Si cambio la marca del yogur, deja de comer.»

«Llevo meses preparando comidas diferentes y siempre acabamos haciendo lo mismo porque, al menos así, sé que come.»

Si alguna de estas situaciones te resulta familiar, quiero que sepas que no eres la única familia que pasa por ello. De hecho, la selectividad alimentaria es uno de los motivos de consulta que más ha aumentado en los últimos años.

Y aquí surge una pregunta muy interesante: ¿realmente hay más niños con selectividad alimentaria o simplemente ahora sabemos identificar mejor este problema?

La respuesta es que probablemente ocurren ambas cosas.

Entonces… ¿qué es exactamente la selectividad alimentaria?

Todos los niños pueden tener alimentos favoritos. También es normal que, en algunos momentos del desarrollo, rechacen ciertos sabores o necesiten varias oportunidades para aceptar un alimento nuevo.

Eso no significa que exista un problema.

Hablamos de selectividad alimentaria cuando el repertorio de alimentos es muy limitado, el rechazo se mantiene durante meses y las comidas terminan condicionando la vida familiar.

No se trata únicamente de que «coma poco».

Se trata de que comer deja de ser una experiencia agradable y se convierte en una fuente de preocupación, frustración y estrés para todos.

¿Por qué cada vez vemos más casos?

Hace unos años, muchos niños recibían etiquetas como caprichoso, mal comedor o ya comerá cuando tenga hambre.

Hoy sabemos que detrás de muchas de esas conductas puede haber una explicación.

Cada vez conocemos mejor cómo influyen el desarrollo sensorial, la motricidad orofacial, las experiencias tempranas con la alimentación o determinadas condiciones del neurodesarrollo en la forma en la que un niño aprende a comer.

También las familias están mucho más informadas y buscan ayuda antes, lo que nos permite detectar estas dificultades de manera más precoz.

Pero hay otro aspecto del que se habla menos y que también merece nuestra atención.

Comer también es un aprendizaje

Muchas veces pensamos que los niños aprenderán a comer simplemente porque crecen.

Sin embargo, igual que necesitan oportunidades para aprender a caminar, hablar o montar en bicicleta, también necesitan experiencias para aprender a aceptar nuevas texturas, sabores y formas de comer.

Durante los primeros años de vida, y especialmente durante el primer año, existe una etapa conocida como ventana de desarrollo. En este periodo, el cerebro está especialmente preparado para incorporar nuevos aprendizajes relacionados con la alimentación.

Cuando un niño tiene oportunidades para manipular alimentos, explorar diferentes texturas y practicar la masticación de forma progresiva, este aprendizaje suele producirse de manera mucho más natural.

Si, por el contrario, estas experiencias se retrasan o son muy limitadas, no significa que después no vaya a conseguirlo. Significa simplemente que probablemente necesitará más práctica, más tiempo y, en algunos casos, ayuda especializada.

Porque los niños no aprenden a comer porque cumplen años; aprenden porque tienen oportunidades para hacerlo.

¿Todos los niños tienen la misma causa?

No.

Y este es uno de los errores más frecuentes.

No existe una única explicación para todos los niños con selectividad alimentaria.

En algunos casos encontramos dificultades para masticar determinados alimentos. En otros, existe una mayor sensibilidad a ciertas texturas, olores o temperaturas. También puede haber experiencias negativas previas, como atragantamientos o arcadas intensas, o formar parte de condiciones del neurodesarrollo como el trastorno del espectro autista.

Y muchas veces no hay una única causa, sino varias al mismo tiempo.

Por eso no existen soluciones universales ni consejos que funcionen para todos los niños.

¿Cuándo debería pedir ayuda?

Si tu hijo acepta cada vez menos alimentos, rechaza de forma constante cualquier novedad o las comidas se han convertido en una batalla diaria, merece la pena realizar una valoración.

También conviene consultar si observas que tiene dificultades para masticar, hace arcadas con frecuencia o su alimentación empieza a limitar actividades tan cotidianas como comer en casa de los abuelos, celebrar un cumpleaños o salir a un restaurante.

No es necesario esperar a que la situación empeore.

De hecho, cuanto antes entendemos qué está ocurriendo, más fácil suele resultar la intervención.

¿Qué no suele funcionar?

Es completamente normal que las familias prueben de todo.

«Una cucharada más.»

«Si te lo comes, hay postre.»

«Esconde la verdura en las croquetas.»

Lo hacen porque quieren ayudar.

Pero cuando existe una dificultad real, insistir, negociar cada bocado o convertir la comida en una lucha rara vez resuelve el problema. En muchas ocasiones consigue justamente lo contrario: aumenta la ansiedad y el rechazo.

Nuestro objetivo nunca debería ser que el niño coma «como sea».

El objetivo es que aprenda a comer con seguridad, confianza y disfrutando del momento.

Un mensaje para las familias

Si tu hijo presenta selectividad alimentaria, no significa que hayas hecho algo mal ni que él sea caprichoso.

Detrás de ese rechazo suele haber una explicación. Y cuando entendemos la causa, podemos acompañarlo de una forma mucho más respetuosa y eficaz.

La alimentación no debería convertirse en una batalla diaria. Con una valoración adecuada, objetivos realistas y el acompañamiento de profesionales especializados, muchos niños consiguen ampliar progresivamente su repertorio alimentario y recuperar el placer de sentarse a la mesa.

Porque comer no consiste solo en alimentarse. También es compartir, disfrutar, descubrir y aprender. Y todos los niños merecen vivir esa experiencia de forma positiva

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Estefanía Sobrino

Logopeda especialista en Atención Temprana, Miofuncional y Alimentación (Col. 29/1794). Responsable del Área de Logopedia del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz).

¿Qué hago con esas cosas que no puedo cambiar?

Asómate un momento a la trastienda de tu mente. ¿Qué ves? Si eres de los míos, probablemente tengas una mesa de taller llena de herramientas, cables sueltos y un cartel gigante de «frenesí perfeccionista» parpadeando en neón. En mi día a día como psicólogo en consulta, me encuentro constantemente con personas que arrastran un agotamiento crónico brutal. Llegan, se sientan en una silla muy cómoda que compré para que les resultase más fácil abrirse, y me despliegan una lista interminable de problemas. Lo curioso es que no buscan desahogarse; buscan la fórmula mágica para tacharlo todo. Quieren arreglar esa relación rota con un familiar que no quiere cambiar, resolver el porqué de una injusticia laboral de hace cinco años o descifrar el misterio de por qué su gato los mira con desprecio. Vivimos con la obsesión de que la vida es un examen de matemáticas donde todo tiene que dar un resultado exacto, y nos cuesta horrores asumir que hay asuntos sin solucionar que se van a quedar así para siempre.

Abrazar esta realidad no es cruzarse de brazos ni tirar la toalla de manera cobarde; es pura supervivencia mental. Imagina que tu mente es una casa espaciosa. Si te empeñas en que cada electrodoméstico viejo, cada recuerdo roto y cada conversación pendiente tiene que ser reparada antes de poder usar la sala de estar, acabarás viviendo en un desguace intransitable. Como terapeuta, mi trabajo muchas veces no consiste en dar respuestas a mis pacientes, sino en ayudarlos a aceptar que algunas preguntas no las tienen. Hay personas que nunca nos pedirán perdón, decisiones del pasado que no se pueden rebobinar y situaciones caóticas que escapan por completo a nuestro control manual. ¿Y qué hacemos con todo eso? ¿Nos sentamos a llorar en una esquina? Para nada. El secreto profesional mejor guardado de la psicología es que la salud mental no se consigue solucionándolo todo, sino aprendiendo el noble arte de ordenar, archivar y convivir con el desorden.

La primera fase de este tratamiento casero es la aceptación radical (y un poco descarada).

Esto implica mirar el problema a los ojos y decirle con total tranquilidad: «Mira, no te entiendo, no me gustas y no sé cómo arreglarte, pero te doy permiso para existir». Suelta la llave inglesa de una vez. No puedes arreglar a tu ex, no puedes cambiar el carácter de tu jefe y no puedes alterar el pasado. Una vez que dejas de pelear contra lo inamovible, ocurre un milagro: de repente te sobra un montón de energía que antes gastabas en batallas inútiles contra molinos de viento.

El siguiente paso es ordenar y guardar.

Piensa en esos asuntos irresolubles como en la decoración navideña fea que te regaló tu suegra. No la vas a tirar por no armar un drama familiar, pero tampoco la vas a poner en el centro del comedor todo el año. Le buscas una caja bonita, la etiquetas mentalmente como «Cosas raras de la vida que no puedo cambiar» y la subes al altillo de tu cerebro. Organizar tus carpetas mentales te permite saber exactamente qué problemas merecen tu atención activa hoy y cuáles son simples trastos archivados que ya no tienen poder para arruinarte el desayuno.

Por último, toca aprender a convivir con el equipaje.

La madurez emocional consiste en caminar con la certeza de que llevamos algunas piedras en los zapatos, pero que podemos disfrutar del paisaje igualmente. No necesitas tener una vida perfectamente pulida y sin aristas para ser rabiosamente feliz. Al final, en la consulta siempre les digo lo mismo a mis pacientes cuando se obsesionan con cerrar todos los frentes abiertos: la paz mental no llega cuando por fin solucionas todos tus problemas, sino cuando dejas de pelearte con aquellos que sencillamente no tienen solución.

Acepta las cicatrices de las historias que no pudieron cerrarse bien; tu historia no necesita ser perfecta para ser una obra de arte profundamente hermosa.

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Sebastián Villanueva

Director del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz). Psicólogo Sanitario (Col. M-33875). Responsable del Área de Psicología Afirmativa y Diversidad LGBTIQ+.

Cómo cuidar la salud mental sin esperar a tocar fondo: hábitos realistas que sí ayudan

Cuidar la salud mental no debería empezar cuando el malestar ya es intenso, persistente o incapacitante. Desde la psicología clínica y de la salud sabemos que el bienestar psicológico no depende de un único factor, sino de la interacción entre hábitos cotidianos, contexto social, regulación emocional y vulnerabilidad individual. En otras palabras, muchas personas no “tocan fondo” de forma repentina: suelen llegar a ese punto tras semanas o meses de sueño insuficiente, estrés sostenido, aislamiento, autoexigencia elevada y falta de recuperación. La investigación reciente respalda esta idea preventiva. Un metaanálisis de intervenciones sobre estilo de vida publicado en 2024, que incluyó 96 ensayos clínicos aleatorizados, encontró reducciones significativas en síntomas de depresión, ansiedad y estrés cuando se intervenía sobre hábitos como la actividad física, el sueño y la alimentación. Por eso, la prevención importa: no porque garantice una vida sin sufrimiento, sino porque aumenta la capacidad de adaptación, reduce el impacto del estrés y favorece una mejor respuesta cuando aparecen dificultades.

Uno de los hábitos con mayor respaldo científico es el sueño regular.

Dormir mal no solo produce cansancio: altera la atención, empeora el control de impulsos y vuelve más difícil gestionar emociones intensas. Además, la privación de sueño se asocia con más irritabilidad, mayor reactividad al estrés y más síntomas de ansiedad y depresión. Esta relación no es solo correlacional. Un metaanálisis de ensayos controlados aleatorizados concluyó que mejorar el sueño produce una mejora de magnitud media en salud mental general y reducciones significativas en depresión y ansiedad. De forma más reciente, otra revisión con 54 estudios y más de 10.000 adultos observó que las intervenciones para mejorar la calidad del sueño reducían de forma significativa síntomas depresivos y ansiosos. A nivel práctico, conviene mantener una hora parecida para acostarse y levantarse, reducir la exposición a pantallas durante la última hora del día y evitar convertir la cama en un espacio de trabajo o de sobreestimulación. No se trata de dormir “perfectamente”, sino de darle al cerebro señales estables de descanso y recuperación.

También es especialmente relevante el movimiento corporal.

La evidencia muestra que la actividad física regular contribuye a reducir síntomas de ansiedad y depresión, mejora el estado de ánimo y favorece la sensación de autoeficacia. Esto ocurre por varios mecanismos: regulación fisiológica del estrés, activación conductual, aumento de la energía percibida y experiencia de logro. Los datos son consistentes. Un amplio metaanálisis en The BMJ de 2024, con 218 estudios y más de 14.000 participantes, halló reducciones moderadas de la depresión con modalidades como caminar o trotar, yoga, entrenamiento de fuerza y ejercicio aeróbico mixto. Otra revisión reciente encontró efectos beneficiosos tanto sobre depresión como sobre ansiedad en adultos clínicos. En la práctica, el error más común es pensar en el ejercicio como una meta ambiciosa y poco sostenible. Para proteger la salud mental resulta más útil empezar con objetivos pequeños y repetibles: caminar treinta minutos varios días por semana, subir escaleras, hacer ejercicios de fuerza básicos o incorporar pausas activas si se pasa mucho tiempo sentado. La consistencia suele ser más importante que la intensidad.

Otro factor protector clave es la conexión social.

La investigación reciente confirma que el aislamiento y la soledad no deseada se relacionan con peor salud mental y física. Desde una perspectiva psicológica, sentir apoyo reduce la percepción de amenaza, amortigua el estrés y facilita la regulación emocional. La magnitud del problema es relevante: la Organización Mundial de la Salud estima que aproximadamente una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad, y su informe reciente subraya su impacto sobre depresión, ansiedad y bienestar general. Además, una revisión de World Psychiatry publicada en 2024 Mental-State-of-the-World-2024-ES-Online-Feb-28.pdf describió la conexión social como un predictor independiente de salud mental y física. Esto no significa tener una vida social intensa, sino contar con vínculos suficientemente seguros. Un hábito útil consiste en no dejar el contacto social al azar: programar una llamada, proponer un café, responder mensajes pendientes o pedir ayuda antes de estar desbordado. Muchas personas esperan a encontrarse muy mal para hablar; sin embargo, pedir apoyo temprano suele prevenir que el malestar se cronifique.

La salud mental también se protege gestionando la sobrecarga diaria.

Un sistema nervioso expuesto de forma continua a urgencias, multitarea y falta de pausas entra con facilidad en un modo de activación sostenida. En ese estado es frecuente vivir con sensación de prisa, dificultad para concentrarse y agotamiento mental. Por eso conviene introducir microhábitos de regulación: hacer una pausa breve entre tareas, respirar lentamente durante uno o dos minutos, salir al exterior unos minutos o reducir notificaciones innecesarias. Estas acciones parecen pequeñas, pero ayudan a interrumpir la cadena de activación continua. Desde la psicología conductual, reducir la fricción del entorno es tan importante como aumentar la fuerza de voluntad.

Otro hábito decisivo es revisar el modo en que una persona se habla a sí misma.

La autoexigencia extrema puede parecer productividad, pero a menudo funciona como un factor de riesgo para la ansiedad, la culpa y la sensación de no llegar nunca a suficiente. Un enfoque más saludable consiste en sustituir el criterio de perfección por el de progreso funcional: preguntarse qué es razonable hoy, qué parte depende realmente de uno mismo y qué nivel de esfuerzo es sostenible. Esta forma de autodiálogo no implica conformismo, sino una regulación más realista de expectativas. En términos clínicos, la flexibilidad psicológica protege más que el control rígido. De hecho, estudios recientes muestran que una mayor flexibilidad psicológica se asocia con menos síntomas de ansiedad, depresión y estrés, y con mejores resultados terapéuticos en distintos trastornos. Traducido a la vida diaria, esto significa aprender a ajustar expectativas, tolerar el malestar sin sobrerreaccionar y elegir conductas útiles aunque no apetezcan en ese momento.

Junto a ello, conviene prestar atención a hábitos básicos que a menudo se minimizan: alimentación regular, exposición a la luz natural, consumo de alcohol y uso de pantallas. Saltarse comidas, pasar días enteros en interiores, usar el móvil hasta muy tarde o recurrir al alcohol como alivio emocional puede empeorar la estabilidad anímica. Ninguno de estos factores explica por sí solo un problema psicológico, pero sí puede amplificarlo. La recomendación práctica es sencilla: comer de forma suficientemente ordenada, salir cada día un rato al exterior si es posible, limitar el uso nocturno del móvil y evitar convertir sustancias o conductas compulsivas en la principal estrategia de regulación emocional.

Por último, cuidar la salud mental de forma práctica implica saber cuándo los hábitos ya no bastan. Si durante varias semanas aparecen tristeza intensa, ansiedad frecuente, apatía, insomnio, irritabilidad marcada, dificultad para funcionar en el trabajo o aislamiento progresivo, es recomendable consultar con un profesional. La prevención no sustituye a la atención clínica cuando esta es necesaria. La idea central es otra: no esperar al colapso para empezar a cuidarse. 

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Sebastián Villanueva

Director del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz). Psicólogo Sanitario (Col. M-33875). Responsable del Área de Psicología Afirmativa y Diversidad LGBTIQ+.


Ansiedad y estrés: confundirlos también pasa factura

La ansiedad y estrés suelen confundirse porque ambos activan al organismo y generan malestar, pero desde la psicología describen procesos diferentes en su origen, su función y su expresión clínica.

El estrés

Se define como una respuesta de adaptación ante demandas percibidas como elevadas o difíciles de manejar; por eso suele aparecer cuando la persona interpreta que las exigencias del entorno, del trabajo, de la familia o de sus propias metas superan los recursos disponibles.

La ansiedad

Se entiende como un estado de anticipación de amenaza, caracterizado por preocupación, hipervigilancia, sensación de peligro y activación fisiológica orientada a prevenir un daño posible.

Esta distinción es importante porque no todo estrés implica ansiedad clínica, y no toda ansiedad depende de un estresor inmediato claramente identificable. Desde una perspectiva psicológica, el estrés se relaciona con la evaluación de demandas y recursos, mientras que la ansiedad se vincula más con sesgos atencionales hacia la amenaza, intolerancia a la incertidumbre y patrones de evitación. Aunque comparten síntomas como tensión muscular, irritabilidad, cansancio, insomnio o dificultad para concentrarse, la experiencia subjetiva no es idéntica: quien padece estrés suele describir sobrecarga, presión y sensación de no llegar; quien experimenta ansiedad suele hablar de miedo, anticipación y alerta constante. Diferenciar ambos conceptos mejora la evaluación clínica, evita etiquetas imprecisas y permite ajustar mejor la intervención psicológica.

La evidencia científica refuerza esta separación conceptual. La revisión sistemática Biomarcadores en la medición del estrés, publicada en la revista Ansiedad y Estrés, concluyó que el estudio del estrés se apoya con frecuencia en indicadores como el cortisol, la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la interleucina 6 y la proteína C reactiva, lo que muestra su estrecha relación con la respuesta psicobiológica al contexto. A su vez, la revisión sistemática y metaanálisis publicada en European Journal of Education and Psychology señaló de forma explícita que estrés y ansiedad son conceptos afines, pero diferentes, y que las intervenciones psicológicas producen beneficios cuando se actúa sobre regulación emocional, afrontamiento y hábitos de salud.

Para traducir esta diferencia a un lenguaje claro, pueden señalarse al menos diez contrastes principales entre ambos fenómenos:

  1. El estrés suele surgir ante demandas o presiones concretas; la ansiedad puede activarse incluso sin un peligro presente.
  2. El estrés se asocia más con sobrecarga; la ansiedad, con amenaza anticipada.
  3. En el estrés predomina la idea de “no doy abasto”; en la ansiedad, la de “algo malo puede pasar”.
  4. El desencadenante del estrés suele ser más identificable; en la ansiedad puede ser difuso o interno.
  5. El estrés tiende a reducirse cuando disminuye la demanda; la ansiedad puede mantenerse por preocupación, rumiación o evitación.
  6. El estrés tiene una función adaptativa ligada al rendimiento y la movilización; la ansiedad se relaciona más con la prevención del daño y la defensa ante una amenaza percibida.
  7. En el estrés son comunes los problemas de organización, saturación y fatiga; en la ansiedad destacan la hipervigilancia, la inquietud y la necesidad de control.
  8. El estrés suele vincularse a contextos como trabajo, estudios o carga familiar; la ansiedad puede generalizarse a múltiples situaciones, incluso neutras.
  9. La evaluación del estrés pone el foco en estresores y recursos de afrontamiento; la de la ansiedad se centra más en interpretaciones de peligro, evitación e intolerancia a la incertidumbre.
  10. Cuando predomina el estrés, suelen ayudar más la gestión del tiempo, la resolución de problemas y la reducción de demandas; cuando predomina la ansiedad, suelen ser más útiles la exposición, el trabajo cognitivo y la regulación de la preocupación.

Estas diferencias no significan que ansiedad y estrés nunca aparezcan juntos. De hecho, un estrés sostenido puede incrementar la vulnerabilidad a respuestas ansiosas, especialmente cuando la persona percibe poco control, interpreta las exigencias como amenaza constante o desarrolla hábitos de evitación. En clínica psicológica, por ello, conviene valorar duración, intensidad, contexto, pensamientos asociados y grado de interferencia funcional. Si el problema central es la sobrecarga, la intervención se orienta a prioridades, descanso, afrontamiento y ajuste ambiental. Si el núcleo es el miedo anticipatorio, se trabaja más sobre interpretación de amenaza, exposición y tolerancia a la incertidumbre. Entender con precisión las diferencias entre ansiedad y estrés permite ofrecer psicoeducación rigurosa, seleccionar técnicas más eficaces y formular casos con mayor exactitud.

https://www.redalyc.org/journal/1293/129365934007/html

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Sebastián Villanueva

Director del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz). Psicólogo Sanitario (Col. M-33875). Responsable del Área de Psicología Afirmativa y Diversidad LGBTIQ+.

Apoyo familiar trans: cómo acompañar bien en este proceso

El apoyo familiar trans es uno de los factores más protectores para la salud mental de una persona trans, especialmente durante etapas de visibilidad, exploración o transición social. Desde la psicología sabemos que el malestar no proviene de la identidad trans en sí, sino del impacto del rechazo, la invalidación, el miedo al juicio y el estrés de minorías. Por eso, acompañar bien desde la familia no consiste en tener todas las respuestas desde el primer día, sino en ofrecer seguridad emocional, escucha y disposición a aprender.

La evidencia reciente es clara: un estudio publicado en 2024 en JAMA Pediatrics observó que, cuando el entorno familiar es poco apoyador, ciertos hitos del desarrollo de la identidad de género se asocian con mayor riesgo de intento de suicidio y de huida del hogar; en cambio, los entornos familiares de apoyo amortiguan de forma significativa esos riesgos.

A nivel psicológico, acompañar implica validar la experiencia sin convertir cada conversación en un interrogatorio o en una discusión sobre si la identidad de la persona es “real”, “estable” o “demasiado rápida”. Validar no significa presionar, precipitar decisiones ni suponer que todo el proceso será lineal; significa transmitir un mensaje básico de seguridad: “no estás sola, no estás solo, no estás sole en esto”. Las guías internacionales de la World Professional Association for Transgender Health subrayan precisamente la importancia de un entorno afirmativo, individualizado y libre de prácticas que intenten forzar cambios de identidad o expresión. Del mismo modo, la American Psychological Association insiste en que la práctica psicológica con personas trans y de género diverso debe ser afirmativa, culturalmente competente y orientada a reducir daño, no a cuestionar la legitimidad de la identidad.

Una primera pauta práctica es cuidar el lenguaje cotidiano. Usar el nombre y los pronombres elegidos no es un gesto menor ni una concesión simbólica: es una forma concreta de reconocimiento interpersonal. En términos clínicos, este tipo de conductas reduce experiencias de rechazo, mejora la alianza familiar y favorece la regulación emocional. Junto a ello, conviene revisar pequeños comportamientos que a veces se normalizan en casa: bromas, comentarios sobre el cuerpo, comparaciones con el pasado, insistencia en explicar la identidad a terceros sin permiso o exposición innecesaria en reuniones familiares. El apoyo familiar trans también se expresa protegiendo la intimidad, preguntando cómo prefiere la persona ser nombrada en distintos contextos y evitando que la familia convierta su proceso en un tema público permanente.

También es importante reconocer que muchas familias atraviesan emociones intensas: miedo, confusión, culpa, duelo por expectativas previas o temor al estigma social. Tener estas reacciones no convierte automáticamente a una familia en rechazante; lo decisivo es qué hace con ellas. Cuando la angustia adulta se descarga sobre la persona trans mediante discusiones, silencios castigadores o intentos de control, el hogar deja de ser un espacio seguro. En cambio, cuando la familia busca información rigurosa, apoyo profesional y espacios propios para procesar sus dudas, disminuye la probabilidad de dañar la relación. Un artículo de consenso publicado en Pediatrics desarrolló orientaciones para madres, padres y cuidadores y destacó estrategias como la escucha abierta, la comunicación respetuosa, evitar la presión y aprender a navegar escuela, sistema sanitario y entorno social desde una posición de apoyo.

La investigación sobre factores protectores también apunta en la misma dirección. Una revisión sistemática publicada en 2024 sobre la experiencia adolescente LGBTIQ+ identificó el apoyo familiar, el apoyo escolar y las relaciones seguras como variables asociadas con menor depresión, menos ansiedad, menor riesgo suicida y mayor autoestima. Aunque no toda la evidencia se centra exclusivamente en población trans, el patrón es consistente: cuando una persona siente que su entorno cercano la reconoce y la protege, desciende la carga psicológica asociada al rechazo. Por eso, el apoyo familiar trans no debería limitarse a “aceptar en privado”, sino traducirse en conductas observables: defender a la persona ante comentarios transfóbicos, colaborar con el centro educativo, acompañar a citas profesionales si así lo desea y respetar su ritmo sin imponer plazos.

Conviene evitar algunos errores frecuentes.

Uno es pensar que acompañar significa dirigir el proceso.

Otro es buscar certezas absolutas antes de mostrar afecto.

Y otro, muy dañino, es acudir a enfoques que prometen “corregir”, “reorientar” o frenar la identidad de género.

Las principales guías clínicas y asociaciones profesionales desaconsejan estas prácticas porque incrementan el sufrimiento y deterioran la confianza. Acompañar bien desde la familia se parece más a sostener que a controlar: escuchar antes de responder, preguntar antes de suponer, reparar si se comete un error y mantener la relación por encima de la incomodidad inicial. Si en casa hay conflicto persistente, aislamiento, síntomas de ansiedad o depresión, autolesiones, ideas suicidas o un deterioro claro del vínculo, es recomendable buscar apoyo psicológico afirmativo con profesionales formados en diversidad sexual y de género.

En definitiva, el apoyo familiar trans no exige perfección, pero sí compromiso. Una familia puede no comprenderlo todo al principio y, aun así, convertirse en un factor de protección decisivo si ofrece respeto, escucha, aprendizaje y presencia estable. Desde una perspectiva psicológica, ese acompañamiento reduce el impacto del estrés de minorías y fortalece el bienestar, la autoestima y la sensación de seguridad. A veces, la ayuda más importante no es decir algo brillante, sino hacer sentir a la persona que su casa sigue siendo un lugar donde puede existir sin miedo.

Por último, cuidar la salud mental de forma práctica implica saber cuándo los hábitos ya no bastan. Si durante varias semanas aparecen tristeza intensa, ansiedad frecuente, apatía, insomnio, irritabilidad marcada, dificultad para funcionar en el trabajo o aislamiento progresivo, es recomendable consultar con un profesional. La prevención no sustituye a la atención clínica cuando esta es necesaria. La idea central es otra: no esperar al colapso para empezar a cuidarse. 

Estándares de Atención para la Salud de las Personas Transgénero y de Género Diverso, Versión 8 (WPATH)

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Sebastián Villanueva

Director del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz). Psicólogo Sanitario (Col. M-33875). Responsable del Área de Psicología Afirmativa y Diversidad LGBTIQ+.

Dislexia y logopedia: lo que toda familia debe saber

Para muchas familias, escuchar por primera vez hablar de dislexia y logopedia genera dudas, miedo y también alivio: por fin hay una explicación para esas dificultades con la lectura y la escritura que llevan tiempo observando.

La dislexia

Es una dificultad específica del aprendizaje de base neurobiológica que afecta sobre todo a la precisión lectora, la fluidez y la ortografía, y no tiene nada que ver con la inteligencia, la falta de interés o una mala crianza. Un niño con dislexia puede ser curioso, capaz y creativo, y aun así necesitar más tiempo para automatizar la lectura.

Desde la logopedia, esto se entiende como una dificultad en procesos lingüísticos que sostienen el lenguaje escrito, especialmente la conciencia fonológica, la relación entre sonidos y letras, la decodificación y, en algunos casos, la velocidad de acceso al léxico. Por eso, la evaluación logopédica no se limita a comprobar si el niño lee bien o mal, sino que analiza cómo procesa los sonidos del habla, cómo segmenta palabras, cómo reconoce patrones escritos y qué tipo de errores comete. Esta mirada es importante porque no todos los niños con dificultades lectoras presentan el mismo perfil. La evidencia científica respalda especialmente las intervenciones explícitas, sistemáticas y centradas en habilidades fonológicas y decodificación, ya que son las que ofrecen una base más sólida para mejorar la lectura.

En consulta, dislexia y logopedia significan acompañar al niño de forma estructurada, realista y respetuosa con su ritmo. La intervención suele incluir tareas para identificar, segmentar, unir, añadir o quitar sonidos; lectura de sílabas, palabras y pseudopalabras; trabajo de precisión y fluidez lectora; ortografía y, cuando hace falta, comprensión y vocabulario. No se trata de “hacerle leer más” sin sentido, sino de enseñarle de manera más eficaz, con objetivos concretos y una dificultad bien graduada. También es importante saber que la intervención no busca solo mejorar el rendimiento académico, sino reducir el desgaste emocional que a menudo acompaña a estas dificultades. Muchos niños con dislexia empiezan a pensar que no sirven, que siempre van más lentos o que nunca lo harán bien. Ahí la labor del logopeda también es clave: explicar qué ocurre, dar estrategias, reforzar avances reales y ayudar a que el esfuerzo tenga resultados visibles.

Además, dislexia y logopedia funcionan mejor cuando hay coordinación con la familia y con el colegio. Adaptaciones como dar más tiempo, reducir la carga de copia, no penalizar todos los errores ortográficos por igual o permitir otras formas de demostrar lo aprendido pueden marcar una gran diferencia en el día a día. Para padres y madres, una de las preguntas más habituales es cuándo conviene consultar. Algunas señales de alerta pueden ser la dificultad persistente para reconocer rimas, segmentar sílabas, asociar letras con sonidos, aprender palabras escritas frecuentes o leer con una lentitud muy llamativa para su edad.

Si estas dificultades se mantienen pese al apoyo escolar, es recomendable pedir una valoración especializada. Hablar de dislexia y logopedia también es hablar de prevención, detección temprana y acompañamiento. Cuanto antes se comprenda el perfil del niño, antes se podrá intervenir de forma ajustada y proteger su autoestima. En casa, ayuda mucho leer juntos, jugar con sonidos y palabras, celebrar los pequeños logros y evitar comparaciones con hermanos o compañeros. Lo más importante es que el niño no sienta que su dificultad define todo lo que es. Con apoyo adecuado, objetivos claros y una intervención basada en la evidencia, puede avanzar, aprender y desarrollar una relación más segura con la lectura y la escritura.

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Sebastián Villanueva

Director del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz). Psicólogo Sanitario (Col. M-33875). Responsable del Área de Psicología Afirmativa y Diversidad LGBTIQ+.

TRABAJO, INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y MIEDO AL REEMPLAZO

La conversación sobre inteligencia artificial en el trabajo suele centrarse en productividad, innovación y eficiencia. Sin embargo, desde la psicología, el verdadero núcleo del problema no está solo en la tecnología, sino en lo que esta despierta en la mente humana: incertidumbre, pérdida de control, anticipación de amenaza y miedo al reemplazo. Cuando una persona empieza a preguntarse si su experiencia, su criterio o incluso su puesto pueden volverse prescindibles, no se activa únicamente una preocupación laboral; se activa también una respuesta emocional profunda vinculada con la identidad, la seguridad y el valor personal.

Ese miedo no nace de la nada. El World Economic Forum señaló en su Future of Jobs Report 2025 que la transformación laboral afectará al 22% de los empleos de aquí a 2030: se prevé la creación de 170 millones de nuevos puestos, pero también el desplazamiento de 92 millones. Además, el 86% de los empleadores espera que la inteligencia artificial y el procesamiento de información transformen su negocio en este mismo periodo. Estos datos no significan que el trabajo humano vaya a desaparecer, pero sí confirman que millones de personas perciben que el suelo bajo sus pies se está moviendo.

La Organización Internacional del Trabajo, en su actualización de 2025 sobre IA generativa y empleo, ofrece una conclusión especialmente relevante para la psicología: uno de cada cuatro trabajadores en el mundo está en una ocupación con algún grado de exposición a la IA generativa, pero el efecto más probable no es la eliminación masiva del empleo, sino la transformación de las tareas. En otras palabras, la amenaza psicológica no siempre proviene de perder el trabajo de forma inmediata, sino de no reconocer ya el propio papel dentro de él. Cuando cambian las funciones, cambian también las fuentes de competencia, autoestima y sentido de eficacia.

La investigación psicológica lleva décadas mostrando que la inseguridad laboral es un estresor poderoso. En 2025, la American Psychological Association informó que el 54% de los trabajadores estadounidenses dijo que la inseguridad laboral había tenido un impacto significativo en su estrés en el trabajo, y un 39% expresó temor a perder su empleo en los siguientes doce meses debido a cambios políticos y económicos. Entre quienes percibían cambios fuertes en sus organizaciones, aumentaban síntomas como la falta de energía, el agotamiento emocional y la dificultad para concentrarse. El hallazgo es importante: las personas no se derrumban solo por lo que ocurre, sino por lo que temen que pueda ocurrir.

Desde un punto de vista psicológico, el miedo al reemplazo por IA se parece a otras formas de amenaza anticipatoria. El cerebro humano tolera mejor una mala noticia concreta que una incertidumbre prolongada. No saber qué tareas serán automatizadas, qué habilidades seguirán siendo valiosas o cuánto tiempo queda para adaptarse genera hipervigilancia cognitiva. La persona comienza a leer cada cambio como una señal de peligro: una nueva herramienta, una reestructuración, una formación obligatoria o una caída de tareas rutinarias. Esa hipervigilancia erosiona la concentración, incrementa la ansiedad y puede llevar a una sensación persistente de fragilidad.

Hay además un aspecto más íntimo: para muchas personas, trabajar no es solo producir, sino confirmar quiénes son. El trabajo estructura el tiempo, organiza la autoestima y ofrece reconocimiento social. Por eso, cuando la IA amenaza con ejecutar más rápido tareas que antes daban prestigio, experiencia o estabilidad, algunas personas no solo sienten miedo profesional, sino también una herida narcisista: “si una máquina puede hacer esto, ¿qué valor tengo yo?”. Esta pregunta, aunque a veces no se verbalice, resulta central para comprender el malestar contemporáneo. La amenaza no siempre es económica; muchas veces es existencial.

La Organización Mundial de la Salud recuerda que los entornos laborales con baja sensación de control, sobrecarga, desigualdad y job insecurity constituyen factores de riesgo para la salud mental. Según este organismo, la depresión y la ansiedad provocan la pérdida de aproximadamente 12.000 millones de jornadas laborales al año y cuestan cerca de un billón de dólares en productividad perdida. El dato es revelador porque muestra que el problema no es individual ni anecdótico: cuando el trabajo se vive como amenaza constante, el cuerpo y la mente pagan la factura.

El contexto general tampoco ayuda. Gallup, en su State of the Global Workplace 2025, State of the Global Workplace 2025 Report  situó el compromiso global de los empleados en el 21%, con una caída particularmente notable entre managers. También estimó que la baja implicación laboral costó 438.000 millones de dólares en productividad. Aunque el desenganche no puede atribuirse solo a la IA, sí dibuja un escenario emocional propicio para que cualquier transformación tecnológica sea vivida con más temor que curiosidad. Una persona agotada, poco escuchada y emocionalmente desvinculada afronta peor cualquier cambio.

Por eso, la discusión seria sobre IA y empleo no debería limitarse a qué tareas desaparecerán, sino a cómo acompañar psicológicamente a quienes sienten que su lugar se vuelve incierto. La adaptación no depende solo de aprender nuevas herramientas, sino de preservar agencia, sentido de utilidad y confianza en la propia capacidad de reinventarse. Las organizaciones que comuniquen con claridad, formen con tiempo y reduzcan la incertidumbre protegerán algo más que resultados: protegerán la estabilidad mental de sus equipos. Porque el trabajador que teme ser reemplazado no necesita únicamente capacitación; necesita también certeza, reconocimiento y un horizonte posible.

La gran pregunta de esta época no es si la inteligencia artificial podrá hacer más cosas que nosotros, sino qué ocurrirá con una sociedad que empieza a medir el valor humano en términos de reemplazabilidad. Cuando el trabajo deja de ser un espacio de sentido y se convierte en una prueba constante de supervivencia, no solo se precariza el empleo: también se erosiona la identidad. Y una sociedad que debilita la identidad de quienes la sostienen termina volviéndose más eficiente, sí, pero también más frágil.

State of the Global Workplace 2025 Report

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Sebastián Villanueva

Director del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz). Psicólogo Sanitario (Col. M-33875). Responsable del Área de Psicología Afirmativa y Diversidad LGBTIQ+.

¿Qué es la “Píldora Negra Femenina”?

Desde hace unas semanas, se han popularizado videos en redes sociales sobre la “Píldora Negra” asociada a mujeres. Los videos hablan de comunidades digitales cerradas constituidas exclusivamente por mujeres. Estas comunidades defienden una visión del valor de la mujer y su éxito vital en base, casi exclusivamente, a su atractivo físico y a su genética. La filosofía de la “Píldora Negra Femenina” sostiene que el atractivo físico está predeterminado por la genética y que las personas eligen parejas basándose únicamente en rasgos físicos inamovibles. Tienen la creencia de que existe una jerarquía social basada en la belleza donde las mujeres consideradas «feas» son víctimas de prejuicios innatos e inevitables.

Esta ideología es una adaptación de la «píldora negra» masculina (originada en comunidades incels), pero con matices específicos para las mujeres. 

Las características físicas se dividen en dos tipos: «halos»y «failos»:

  • Los halos se refieren a las características físicas positivas que aumentan el atractivo general de una persona. Se relacionan con la idea de rasgos físicos superiores, gracias a los cuales se genera una percepción positiva en los demás, abriendo puertas sociales y vinculares. 
  • Los failos son rasgos físicos negativos que, según estas comunidades, disminuyen drásticamente el atractivo y destruyen el potencial de una persona. Estos generan un rechazo vincular y sexual.

Otro concepto clave de esta “filosofía” es el “Looksmaxxing”, básicamente implica maximizar el atractivo físico de una persona.

¿Cómo se consigue esto? Mediante dos tipos de estrategias: 

  1. El “Soft Maxing” (Mejora Suave): se refieren a cambios no invasivos y hábitos de estilo de vida para mejorar el atractivo físico. Son cambios más “accesibles” en un plano económico y de estrategia. Esto no quiere decir que sean saludables física o mentalmente. Es la “base” necesaria antes de considerar medidas más extremas. Ejemplos de este tipo de estrategias, aparecen a continuación:
    1. “Dieta y Ejercicio”: Bajar el porcentaje de grasa corporal para mejorar la definición facial y la estructura ósea. Por ejemplo, conseguir una mandíbula más marcada.
    2. Cuidado de la piel (Skincare): Rutinas interminables para mejorar la piel, eliminar el acné, etc.
    3. Estilo: Nuevos cortes de pelo, diseño de cejas y cambios en la forma de vestir.
    4. Postura: Correcciones para mejorar la presencia física. 
  2. Hard Maxing (Mejora Dura o Extrema): estos sí implican procedimientos invasivos, cirugías plásticas o acciones peligrosas para alterar la estructura ósea o facial, generalmente asociados a la búsqueda de la «cara perfecta». Ejemplos:

De nuevo, nos encontramos con una corriente que promueve el rechazo al físico de las mujeres. En una época en la que parece que el “body positive” y la diversidad de cuerpos parece que están perdiendo como movimientos, este tipo de filosofías suponen un caldo de cultivo para los trastornos de la conducta alimentaria y problemas emocionales, por no hablar, de nuevo, de una forma de ejercer violencia contra las mujeres. 

Cuidado con los hashtags #bp o #blackpill en contenido en redes relacionados con la “belleza” porque quizás estemos consumiendo contenido de este “culto” en internet. 

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Laura Santi

Psicóloga Sanitaria (Col. AN10267). Área de Adicciones químicas y psicológicas y de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz).

Maternidad y TEA: impacto del procesamiento sensorial en el embarazo, parto y lactancia

Vamos a recordar nuestro embarazo, las revisiones ginecológicas, el día del parto, y la lactancia. Quiero que cierres los ojos e intentes recordar las revisiones ginecológicas, sentarte en el potro, las eco vaginales, las transvaginales, el camino a la sala de partos o el quirófano, los olores, los colores, las palabras de las enfermeras, matronas, ginecólogos, etc. Algunas mujeres lo recuerdan como algo casi mágico y otras en cambio lo recuerdan con dolor, largo y casi inhumano. Pero alguna vez te has parado a pensar cómo pueden llegar a vivirlo las mujeres con Trastorno del Espectro Autista (TEA.)

La maternidad en mujeres con TEA implica afrontar las mismas exigencias biológicas que cualquier mujer, pero bajo un procesamiento sensorial, emocional y cognitivo diferente. Las revisiones ginecológicas, el parto y la lactancia suponen una carga de estímulos físicos y sociales que pueden resultar especialmente desreguladores. En este artículo intento que se analicen las principales dificultades asociadas al embarazo avanzado, al momento del parto y al inicio de la crianza.

Revisiones ginecológicas durante el embarazo: vulnerabilidad y sobrecarga

Cuando la mujer se queda embarazada, se requiere de un seguimiento obstétrico que implica exploraciones repetidas: tactos vaginales, ecografías transvaginales, monitorizaciones, análisis sanguíneos, etc., procedimientos habituales en obstetricia que pueden resultar incómodos o invasivos, y que en mujeres con TEA pueden convertirse en experiencias claramente desbordantes.  Se estima que hasta el 80% de las personas con TEA presentan alteraciones en el procesamiento sensorial (Ben-Sasson et al., 2009).

Imaginemos ahora un tacto vaginal, en la mujer puede llegar a ser molesto, en cambio en la mujer con TEA la hipersensibilidad táctil puede convertir esta vivencia en una experiencia invasiva intensa. Lo mismo ocurre con la hipersensibilidad auditiva, al escuchar el corazón del bebé. Para las madres, es un momento muy especial, lo mismo ocurre para las madres con TEA, sin embargo, en este caso el ruido del monitor fetal lo pueden percibir amplificado, ya que no solo hablamos de intensidad sino también de la frecuencia del sonido, es decir la cantidad de vibraciones (cuanto más rápida es la vibración, mayor es la frecuencia y más agudo es el sonido.) La hipersensibilidad interoceptiva (señales internas del cuerpo como los latidos, la respiración, el hambre, etc.,) puede aumentar la percepción de presión, distensión o dolor.

Para ayudar a estas mujeres, existen programas de habituación ginecológica donde se describe cómo la exposición progresiva y estructurada reduce la evitación médica. Sin embargo, en el embarazo real los tiempos no siempre permiten una desensibilización ideal. Esto coloca a muchas mujeres en una posición de alta vulnerabilidad emocional.

Además, las dificultades en función ejecutiva (Russell, 2000) pueden incrementar la ansiedad ante la incertidumbre de resultados médicos o cambios en el plan de parto. La anticipación visual y la explicación detallada de procedimientos —principios derivados del modelo TEACCH (Mesibov et al., 2004)— no son un lujo, son una necesidad clínica.

El momento del parto: una tormenta sensorial

El parto en sí es, fisiológicamente, una experiencia intensa, nos encontramos con:

  • Dolor visceral creciente.
  • Cambios bruscos de postura.
  • Contacto físico frecuente con profesionales, y también por estudiantes.
  • Luz intensa.
  • Olores hospitalarios.
  • Ruidos de maquinaria y conversaciones.
  • Cambios imprevistos (inducción, cesárea urgente).

Pero para una mujer con TEA puede convertirse en una tormenta sensorial. Imaginemos que tenemos hipersensibilidad táctil, nos cuesta asimilar que nos toquen, y estas mujeres viven cada monitorización como invasión corporal. Para quien presenta hipersensibilidad auditiva, el entorno hospitalario puede resultar ensordecedor, el ruido de los monitores, el personal médico hablando a veces chillando, el sonido del instrumental, etc. Si, además, existe necesidad marcada de control y predictibilidad, la incertidumbre del proceso puede disparar respuestas de ansiedad o incluso bloqueo conductual.

Cuando esta sobrecarga ocurre sin adaptación ni anticipación suficiente, aumenta el riesgo de vivencia traumática del parto. En mujeres con TEA, el estrés extremo puede favorecer respuestas de disociación como mecanismo defensivo ante la saturación sensorial. Además, la combinación de dolor, imprevisibilidad y falta de control puede incrementar el riesgo de síntomas compatibles con TEPT posparto. Si la experiencia fue caótica o mal comunicada, puede existir dificultad para integrar narrativamente después, perpetuando el malestar psicológico.

Por ello, no es infrecuente que mujeres con TEA describan el parto como una experiencia traumática, no necesariamente por el dolor físico, sino por la pérdida de control y la sobrecarga sensorial. Por mucho que les expliquemos la diferencia entre un parto vaginal y una cesárea, la realidad supera muchas veces la vivencia subjetiva. Es muy importante trabajar con estas mujeres la psicoeducación, explicarles paso a paso qué puede ocurrir, quién estará presente, cuánto puede durar cada fase, y luego cumplirlo en el ámbito hospitalario.

Además, el estilo comunicativo durante el parto tiene un impacto directo en la regulación emocional. En mujeres con TEA, el lenguaje ambiguo o metafórico puede resultar desestabilizador bajo dolor intenso. Expresiones como “ahora viene lo peor”, “empuja fuerte” o “relájate” pueden generar confusión si no se acompañan de instrucciones concretas y secuenciales. La comunicación debe ser clara, literal y estructurada, indicando qué va a ocurrir, durante cuánto tiempo y qué se espera exactamente de la madre en cada momento.

Otro punto muy importante es el del consentimiento informado, pues este debe ser especialmente cuidadoso. No basta con firmar; es imprescindible comprobar la comprensión real bajo estrés.

La transición inmediata: contacto piel con piel y regulación

Una vez hemos dado a luz, se promueve el contacto piel con piel, este contacto debería ser al menos de dos horas seguidas sin interrupciones, ya que permite estabilizar la respiración, temperatura, frecuencia cardíaca y el azúcar del bebé, además de potenciar el vínculo afectivo y la lactancia materna. Desde la neurobiología es muy beneficioso, sin embargo, desde el punto de vista sensorial en estas madres, puede resultar ambivalente.

El contacto continuo, la temperatura corporal del bebé, su llanto agudo y los movimientos impredecibles pueden generar sobrecarga en mujeres con hipersensibilidad táctil y auditiva. Esto no debe interpretarse como una falta de vínculo, solo implica que el sistema nervioso de estas mamás procesa la estimulación de manera diferente. Además, las interpretaciones sociales de estas posibles reacciones “no parece emocionada” o “qué madre más fría”, añaden presión emocional innecesaria. Es fundamental saber diferenciar regulación sensorial de vinculación afectiva

Lactancia materna: estímulo constante, demanda constante

Para las madres, la lactancia supone:

  • Succión repetitiva.
  • Estimulación continua del pezón.
  • Cambios hormonales bruscos.
  • Falta de sueño.
  • Ritmo impredecible de tomas.

En madres con hipersensibilidad táctil, la succión puede resultar dolorosa incluso cuando técnicamente es correcta. En mujeres con dificultades interoceptivas, las sensaciones corporales asociadas a la subida de la leche pueden resultar desconcertantes. Es necesario informar y respetar las decisiones personales. La maternidad en TEA requiere exactamente de respeto informado. Forzar la lactancia en una madre que experimenta sobrecarga severa puede aumentar el riesgo de ansiedad o depresión posparto.

Muchas madres con TEA describen algo similar a lo que en la literatura anglosajona se denomina D-MER (Dysphoric Milk Ejection Reflex). No siempre es eso, pero la descarga sensorial + hormonal puede vivirse como malestar emocional súbito.

Para ello el apoyo debe centrarse en:

  • Explicar opciones (lactancia mixta o artificial).
  • Ajustar entornos (luz tenue, reducción de ruido).
  • Permitir pausas sensoriales.

En este apartado también podemos hablar del tema de la privación de sueño. La crianza temprana implica la fragmentación del sueño. La falta de descanso afecta significativamente a cualquier madre, pero especialmente a la mujer con TEA especialmente en la regulación emocional y en la función ejecutiva. Esto es sencillo de entender, si ya existe tendencia a la sobrecarga sensorial, la falta de sueño y la estimulación constante pueden generar irritabilidad, llanto frecuente o necesidad de aislamiento, y esto ser malinterpretado por el entorno como rechazo al bebé, cuando en realidad es una respuesta neurofisiológica ante la saturación.

En esta etapa la implicación del entorno, especialmente del padre, puede ayudar considerablemente a solucionar este problema. Por ello es muy importante que el padre y el entorno más cercano también reciba psicoeducación al respecto.

 Conclusión

El parto y la maternidad en mujeres con TEA no son problemáticos por definición, el problema radica en ignorar su sistema nervioso que responde de forma diferente a la estimulación. Por tanto, no necesitan un parto distinto en el plano médico, solo un entorno distinto en lo sensorial y lo comunicativo. Si nos esforzamos por crear una estructura, nos anticipamos y trabajamos en terapia la exposición gradual, veremos que se reduce significativamente la ansiedad de estas mamás. Es decir, aplicado al parto y al posparto:

  • Plan de parto sensorial (controlar la luz, el ruido y el número de personas).
  • Dar una información clara y secuencial.
  • Tener un profesional de referencia estable.
  • Crear espacios de recuperación con baja estimulación.

Referencias

·   García-Primo, P., et al. (2021). Perfil sensorial en personas con trastorno del espectro del autismo: implicaciones clínicas. Revista de Neurología, 72(Supl 1), S45–S53.

·   Canals, J., & Hernández-Martínez, C. (2020). Alteraciones sensoriales en el TEA y su impacto funcional. Anales de Pediatría, 93(5), 345.e1–345.e8.

·   Olza, I. (2020). Psicopatología perinatal y experiencia subjetiva del parto. Clínica y Salud, 31(3), 115–122.

·   Olza, I., & Fernández-Sánchez, M. (2021). Parto y trauma psicológico: revisión clínica. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 41(139), 87–102.

·   Autismo España (2022). Mujeres y TEA: necesidades específicas en salud y maternidad. Informe técnico.

·   López-Díaz, Á., & Pérez-Martín, J. (2021). Barreras en la atención sanitaria a mujeres con TEA en España. Revista Española de Discapacidad, 9(2), 55–72.

·   Samuel, P., Yew, R. Y., Hooley, M., Hickey, M., & Stokes, M. A. (2022). Sensory challenges experienced by autistic women during pregnancy and childbirth: a systematic review. Archives of Gynecology and Obstetrics.

·   Hampton, S., Allison, C., Baron-Cohen, S., & Holt, R. (2022). Autistic People’s Perinatal Experiences II: A Survey of Childbirth and Postnatal Experiences.

·   Hampton, S., Baron-Cohen, S., & Holt, R. (2022). A qualitative exploration of autistic mothers’ experiences during pregnancy.

·   Grant, A., Goy, R., McDonnell, E., & DeLucia, M. (2022). Autistic women’s views and experiences of infant feeding.

·   Westgate, V. & O’Mahen, H. (2024). Autistic Women’s Experiences of the Perinatal Period.

Imagen de wirestock en Freepik

Natalia Avellaneda

Psicóloga Sanitaria (Col. M-18157) y Psicooncóloga. Área de Psicooncología, enfermedades, dolor crónico y cuidados paliativos del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz).

The Global Rape Academy: Not all men?

Una investigación de la CNN ha dejado al descubierto una “Academia de Violación Global” (The Global Rape Academy).

Aunque la noticia es del 26 de marzo, se ha popularizado durante la semana pasada en las redes de nuestro país. He tardado una semana en poder escribir sobre ello, tras intentar procesar mis emociones. Es complicado no escribir de este tema desde la rabia, tristeza o miedo; por lo que me disculpo -por adelantado- si mis emociones afloran durante el escrito. 

Esta investigación se basa en el descubrimiento de escalofriantes chats grupales, en los cuales,  los hombres, se incitan mutuamente a drogar y agredir sexualmente a sus parejas e intercambian consejos para salir impunes.

Nuestro mundo cambia en 2024 con el caso de Giséle Pelicot.

Su marido, a través de una supuesta web de citas, en una sala llamada «Without Her Knowledge» (Sin su conocimiento), contactó con decenas de hombres para instigar las violaciones de su esposa. No olvidemos que ella estaba drogada e inconsciente y, en este estado, fue violada más de 200 veces, por aproximadamente 70 hombres, de los cuales no todos pudieron ser localizados por la policía.  Este caso puso de relieve este oscuro lugar de internet, aunque la web fue clausurada, el comportamiento no desapareció. 

Esta investigación de CNN -que duró varios meses- deja al descubierto un mundo donde la mercantilización y amplificación de la violencia sexual contra las mujeres está en auge. 

Entre los descubrimientos de esta investigación, está Motherless.com (una web pornográfica) que alberga más de 20.000 vídeos de contenido supuestamente erótico, subidos por los usuarios, con cientos de miles de visualizaciones. Este sitio registró alrededor de 62 millones de visitas solo en febrero, para que os hagáis una idea aproximada de la cantidad de personas puede ser equivalente al sumatorio de la población masculina de España, Francia y Portugal. Esta web se describe a sí misma como un «servidor de archivos moralmente libre donde se aloja permanentemente cualquier contenido legal». La legalidad de parte del material publicado es muy cuestionable. El contenido supuestamente erótico se clasifica mediante etiquetas descriptivas como #desmayo, #revisiónocular, #incestoreal, #estrangulado, #chantaje, #dormir, etc. En estos vídeos, los hombres se graban levantando los párpados cerrados de las mujeres para demostrar que están dormidas o sedadas, algunos vídeos de este tipo han superado las 50.000 visualizaciones. Dentro de la comunidad de «dormir» de Motherless los miembros intercambian consejos sobre cómo drogar a sus parejas.

En el grupo de chat (de Telegram) «Zzz» hacen lo mismo.

Un usuario afirmaba dirigir un negocio de venta y envío de «líquidos para dormir» a cualquier dirección del mundo. El hombre indicaba en su cuenta de Telegram, que una botella del líquido costaría 150 euros, el cual era insípido e inodoro. «Tu esposa no sentirá nada y no recordará nada», afirmaba. Para los usuarios de la comunidad en línea de «pornografía del sueño», la emoción del abuso no reside solo en el acto en sí, sino en la dinámica colectiva que lo rodea, explicó Annabelle Montagne, psicóloga que evaluó a la mitad de los hombres condenados en el juicio de Pelicot, incluido Dominique.

Dentro de estos grupos, el video es el elemento dominante. Algunos usuarios anunciaban retransmisiones en vivo, mostrando el abuso de mujeres drogadas en tiempo real, por 20 dólares por espectador, siendo las criptomonedas el medio de pago preferido.

Los hombres de estos grupos operan protegidos por el anonimato de internet. Pero también encuentran un sentido de comunidad y una camaradería perversa, al normalizar el abuso. Dentro de estos sitios, existe esta noción de “hermandad», los participantes crean vínculos que satisfacen y refuerzan sus necesidades narcisistas.

Según los expertos, algunas formas de pornografía han normalizado, durante mucho tiempo, la violencia contra las mujeres como entretenimiento y los algoritmos, que favorecen el contenido extremo, impulsan aún más el material de explotación hacia las mujeres.  Esta investigación es la prueba de que la violencia contra las mujeres no desapareció, solo se modernizó. 

Mientras tanto, el panorama de las agresiones sexuales facilitadas por drogas sigue evolucionando, con los perpetradores recurriendo a medicamentos recetados más accesibles que actúan rápidamente y dejan pocos rastros en el organismo, a diferencia de las drogas utilizadas en el pasado para la violación. Esto dificulta que estos casos lleguen a juicio. Muchos casos no se denuncian porque las víctimas sienten vergüenza, culpa o responsabilidad percibida; o porque tienen recuerdos limitados de la agresión.

McGlynn, profesora de derecho, declaró que, si bien la ley generalmente está bien preparada para abarcar la gama de delitos cometidos por hombres que drogan y violan a sus parejas, el fenómeno global en línea persiste debido a la reticencia de los gobiernos a atacar lo que ella considera el núcleo del problema: las plataformas en línea.

¿Qué se necesita de los hombres? ¿Cómo reaccionar a los “yo no haría eso”? 

Ya no basta con decir “yo no soy así”, es necesario confrontarlo, denunciarlo, romper el grupo, señalar al amigo que lo hace, no reír la broma, no compartir el link, no mirar hacia otro lado. La neutralidad masculina también protege a los agresores. Porque este tema no es solo de mujeres. Sí, afecta de manera desproporcionada a las mujeres; pero es un ejemplo de cómo se socializa a los hombres en la complicidad, la indiferencia o el silencio. Si la sociedad hace que los hombres miren hacia otro lado, la violencia no desaparecerá. Esto no va de “deseo”, va de deshumanización, de hombres que convierten a una mujer en un objeto porque creen que pueden. 

La delegación de Mujer de la ONU ya alerta de que la violencia mediada por la tecnología contra mujeres y niñas alcanza rangos altísimos y, casi la mitad de ellas, no cuenta con protección suficiente frente al abuso digital. Hay estudios que cifran que el 99% de las víctimas del abuso sexual con deepfakes íntimos retratan a mujeres, el 77% de las mujeres evitan expresar sus opiniones públicamente en medios online por miedo al abuso. La tecnología no inventó la misoginia, solo la escaló. 

https://edition.cnn.com/interactive/2026/03/world/expose-rape-assault-online-vis-intl/index.html

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Laura Santi

Psicóloga Sanitaria (Col. AN10267). Área de Adicciones químicas y psicológicas y de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz).