Skincare en niñas, ¿necesidad o problema?
Este artículo nace principalmente de las necesidades de niñas a mi alrededor. Con motivo de las próximas fiestas navideñas muchos niños realizan la típica “carta de Reyes Magos” y me ha sorprendido ser testigo de las necesidades de algunas niñas de mi alrededor: productos de skincare, mascarillas faciales, antifaces para reducir ojos hinchados, etc. Esta situación me ha llevado a buscar información sobre la realidad de este problema, puesto que he podido vivir en primera persona el cambio de las necesidades de las niñas de mi familia.
El skincare es una necesidad cada vez más habitual en niñas que llegan incluso hasta las consultas dermatológicas. El presidente de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria ya declaró que llegan niñas a las revisiones maquilladas y con productos en la piel o “se están dando cremas continuamente”. Hay dermatólogos que afirman recibir a niñas en consulta para que “le hagan una rutina de skincare”. En concreto, dermatólogos pedriátricos comentan, “Vienen directamente con bolsas llenas de productos: cremas para el contorno de ojos, para el contorno de labios… Estoy hablando de adolescentes de trece o catorce años, pero también de niños y niñas de mucha menos edad”.
Algo que ninguno podemos negar es que el skincare está de moda. Las redes sociales, sobre todo TikTok, están repletas (lo podéis comprobar con facilidad) de rutinas que implican múltiples pasos con tónicos, cremas, brumas, limpiadores, etc. Estas se centran principalmente en el rostro, con el objetivo de tener una piel bonita y mantenerse joven. Esta situación ha llegado hasta tal punto de que ha aparecido un nuevo término cosmeticorexia, que se podría definir como la adicción a los cosméticos y rutinas de cuidado de la piel («skincare»), especialmente observada en adolescentes y preadolescentes, influenciada por las redes sociales.
Pero, ¿cuáles son los riesgos de caer en este tipo de conductas? A nivel dermatológico, se estudian los daños por la mezcla de productos, ya que, en no pocas ocasiones utilizan varios componentes que, al combinarse, pueden provocar irritación o puede aumentar la sensibilización alérgica a determinados elementos. Esto sin contar con la presencia de enfermedades cutáneas preexistentes, que pueden verse empeoradas por la utilización de productos inadecuados. Sin embargo, todo esto puede generar no solo problemas evidentes en la piel, por el cutis todavía prematuro que tienen las niñas, sino también problemas de salud mental.
El marketing de la industria cosmética ha encontrado en las redes sociales y en la presión estética un oasis para aumentar sus ganancias. Un ejemplo de esto lo podéis encontrar con las “Sephora Kids” (en referencia a la línea de cosméticos que esta marca de belleza tiene dirigida exclusivamente a niñas), algunas universidades en Estados Unidos o Reino Unido ya están analizando un fenómeno que los expertos miran con preocupación. Estas ganancias se hacen a costa de la salud mental y física de las niñas. Cuanto antes entren en la vida de las personas, más fieles serán a sus productos. Y si convierten la inseguridad en necesidad de consumir, negocio perfecto.
Esta situación nos manda un mensaje preocupante: Asociar belleza a rendimiento. Estamos enseñándole a nuestras niñas que hay que hacer algo con su cara y con su cuerpo, para ser suficiente. Siempre tendremos algo que corregir, porque al compararse con una chica de 20-30 años o mirarse con filtros de diferentes redes sociales, va a sentir que su cara natural no es suficiente. Estamos creando un problema que no se va a poder solucionar solo con una crema.
Necesitamos educación emocional, referentes diversos, estar presente ante nuestros menores. No que niñas se lleven toda la tarde viendo videos de reviews de maquillaje, cremas antienvejecimiento, rutinas de skincare o mascarillas para descongestionar las bolsas de los ojos que, por cierto, no tienen. Con esto no quiero decir que esté en contra del autocuidado, de hecho todo lo contrario; pero no desde la necesidad de corrección, comparación insana, miedo o exigencia extrema; sino desde la aceptación, compasión, respeto a nosotras mismas y escuchar nuestras necesidades. Cuidarnos no debería ser una tarea, debe ser un placer.
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Laura Santi
Psicóloga Sanitaria (Col. AN10267). Área de Adicciones químicas y psicológicas y de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz).












