TRABAJO, INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y MIEDO AL REEMPLAZO

La conversación sobre inteligencia artificial en el trabajo suele centrarse en productividad, innovación y eficiencia. Sin embargo, desde la psicología, el verdadero núcleo del problema no está solo en la tecnología, sino en lo que esta despierta en la mente humana: incertidumbre, pérdida de control, anticipación de amenaza y miedo al reemplazo. Cuando una persona empieza a preguntarse si su experiencia, su criterio o incluso su puesto pueden volverse prescindibles, no se activa únicamente una preocupación laboral; se activa también una respuesta emocional profunda vinculada con la identidad, la seguridad y el valor personal.

Ese miedo no nace de la nada. El World Economic Forum señaló en su Future of Jobs Report 2025 que la transformación laboral afectará al 22% de los empleos de aquí a 2030: se prevé la creación de 170 millones de nuevos puestos, pero también el desplazamiento de 92 millones. Además, el 86% de los empleadores espera que la inteligencia artificial y el procesamiento de información transformen su negocio en este mismo periodo. Estos datos no significan que el trabajo humano vaya a desaparecer, pero sí confirman que millones de personas perciben que el suelo bajo sus pies se está moviendo.

La Organización Internacional del Trabajo, en su actualización de 2025 sobre IA generativa y empleo, ofrece una conclusión especialmente relevante para la psicología: uno de cada cuatro trabajadores en el mundo está en una ocupación con algún grado de exposición a la IA generativa, pero el efecto más probable no es la eliminación masiva del empleo, sino la transformación de las tareas. En otras palabras, la amenaza psicológica no siempre proviene de perder el trabajo de forma inmediata, sino de no reconocer ya el propio papel dentro de él. Cuando cambian las funciones, cambian también las fuentes de competencia, autoestima y sentido de eficacia.

La investigación psicológica lleva décadas mostrando que la inseguridad laboral es un estresor poderoso. En 2025, la American Psychological Association informó que el 54% de los trabajadores estadounidenses dijo que la inseguridad laboral había tenido un impacto significativo en su estrés en el trabajo, y un 39% expresó temor a perder su empleo en los siguientes doce meses debido a cambios políticos y económicos. Entre quienes percibían cambios fuertes en sus organizaciones, aumentaban síntomas como la falta de energía, el agotamiento emocional y la dificultad para concentrarse. El hallazgo es importante: las personas no se derrumban solo por lo que ocurre, sino por lo que temen que pueda ocurrir.

Desde un punto de vista psicológico, el miedo al reemplazo por IA se parece a otras formas de amenaza anticipatoria. El cerebro humano tolera mejor una mala noticia concreta que una incertidumbre prolongada. No saber qué tareas serán automatizadas, qué habilidades seguirán siendo valiosas o cuánto tiempo queda para adaptarse genera hipervigilancia cognitiva. La persona comienza a leer cada cambio como una señal de peligro: una nueva herramienta, una reestructuración, una formación obligatoria o una caída de tareas rutinarias. Esa hipervigilancia erosiona la concentración, incrementa la ansiedad y puede llevar a una sensación persistente de fragilidad.

Hay además un aspecto más íntimo: para muchas personas, trabajar no es solo producir, sino confirmar quiénes son. El trabajo estructura el tiempo, organiza la autoestima y ofrece reconocimiento social. Por eso, cuando la IA amenaza con ejecutar más rápido tareas que antes daban prestigio, experiencia o estabilidad, algunas personas no solo sienten miedo profesional, sino también una herida narcisista: “si una máquina puede hacer esto, ¿qué valor tengo yo?”. Esta pregunta, aunque a veces no se verbalice, resulta central para comprender el malestar contemporáneo. La amenaza no siempre es económica; muchas veces es existencial.

La Organización Mundial de la Salud recuerda que los entornos laborales con baja sensación de control, sobrecarga, desigualdad y job insecurity constituyen factores de riesgo para la salud mental. Según este organismo, la depresión y la ansiedad provocan la pérdida de aproximadamente 12.000 millones de jornadas laborales al año y cuestan cerca de un billón de dólares en productividad perdida. El dato es revelador porque muestra que el problema no es individual ni anecdótico: cuando el trabajo se vive como amenaza constante, el cuerpo y la mente pagan la factura.

El contexto general tampoco ayuda. Gallup, en su State of the Global Workplace 2025, State of the Global Workplace 2025 Report  situó el compromiso global de los empleados en el 21%, con una caída particularmente notable entre managers. También estimó que la baja implicación laboral costó 438.000 millones de dólares en productividad. Aunque el desenganche no puede atribuirse solo a la IA, sí dibuja un escenario emocional propicio para que cualquier transformación tecnológica sea vivida con más temor que curiosidad. Una persona agotada, poco escuchada y emocionalmente desvinculada afronta peor cualquier cambio.

Por eso, la discusión seria sobre IA y empleo no debería limitarse a qué tareas desaparecerán, sino a cómo acompañar psicológicamente a quienes sienten que su lugar se vuelve incierto. La adaptación no depende solo de aprender nuevas herramientas, sino de preservar agencia, sentido de utilidad y confianza en la propia capacidad de reinventarse. Las organizaciones que comuniquen con claridad, formen con tiempo y reduzcan la incertidumbre protegerán algo más que resultados: protegerán la estabilidad mental de sus equipos. Porque el trabajador que teme ser reemplazado no necesita únicamente capacitación; necesita también certeza, reconocimiento y un horizonte posible.

La gran pregunta de esta época no es si la inteligencia artificial podrá hacer más cosas que nosotros, sino qué ocurrirá con una sociedad que empieza a medir el valor humano en términos de reemplazabilidad. Cuando el trabajo deja de ser un espacio de sentido y se convierte en una prueba constante de supervivencia, no solo se precariza el empleo: también se erosiona la identidad. Y una sociedad que debilita la identidad de quienes la sostienen termina volviéndose más eficiente, sí, pero también más frágil.

State of the Global Workplace 2025 Report

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Sebastián Villanueva

Director del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz). Psicólogo Sanitario (Col. M-33875). Responsable del Área de Psicología Afirmativa y Diversidad LGBTIQ+.

¿Qué es la “Píldora Negra Femenina”?

Desde hace unas semanas, se han popularizado videos en redes sociales sobre la “Píldora Negra” asociada a mujeres. Los videos hablan de comunidades digitales cerradas constituidas exclusivamente por mujeres. Estas comunidades defienden una visión del valor de la mujer y su éxito vital en base, casi exclusivamente, a su atractivo físico y a su genética. La filosofía de la “Píldora Negra Femenina” sostiene que el atractivo físico está predeterminado por la genética y que las personas eligen parejas basándose únicamente en rasgos físicos inamovibles. Tienen la creencia de que existe una jerarquía social basada en la belleza donde las mujeres consideradas «feas» son víctimas de prejuicios innatos e inevitables.

Esta ideología es una adaptación de la «píldora negra» masculina (originada en comunidades incels), pero con matices específicos para las mujeres. 

Las características físicas se dividen en dos tipos: «halos»y «failos»:

  • Los halos se refieren a las características físicas positivas que aumentan el atractivo general de una persona. Se relacionan con la idea de rasgos físicos superiores, gracias a los cuales se genera una percepción positiva en los demás, abriendo puertas sociales y vinculares. 
  • Los failos son rasgos físicos negativos que, según estas comunidades, disminuyen drásticamente el atractivo y destruyen el potencial de una persona. Estos generan un rechazo vincular y sexual.

Otro concepto clave de esta “filosofía” es el “Looksmaxxing”, básicamente implica maximizar el atractivo físico de una persona.

¿Cómo se consigue esto? Mediante dos tipos de estrategias: 

  1. El “Soft Maxing” (Mejora Suave): se refieren a cambios no invasivos y hábitos de estilo de vida para mejorar el atractivo físico. Son cambios más “accesibles” en un plano económico y de estrategia. Esto no quiere decir que sean saludables física o mentalmente. Es la “base” necesaria antes de considerar medidas más extremas. Ejemplos de este tipo de estrategias, aparecen a continuación:
    1. “Dieta y Ejercicio”: Bajar el porcentaje de grasa corporal para mejorar la definición facial y la estructura ósea. Por ejemplo, conseguir una mandíbula más marcada.
    2. Cuidado de la piel (Skincare): Rutinas interminables para mejorar la piel, eliminar el acné, etc.
    3. Estilo: Nuevos cortes de pelo, diseño de cejas y cambios en la forma de vestir.
    4. Postura: Correcciones para mejorar la presencia física. 
  2. Hard Maxing (Mejora Dura o Extrema): estos sí implican procedimientos invasivos, cirugías plásticas o acciones peligrosas para alterar la estructura ósea o facial, generalmente asociados a la búsqueda de la «cara perfecta». Ejemplos:

De nuevo, nos encontramos con una corriente que promueve el rechazo al físico de las mujeres. En una época en la que parece que el “body positive” y la diversidad de cuerpos parece que están perdiendo como movimientos, este tipo de filosofías suponen un caldo de cultivo para los trastornos de la conducta alimentaria y problemas emocionales, por no hablar, de nuevo, de una forma de ejercer violencia contra las mujeres. 

Cuidado con los hashtags #bp o #blackpill en contenido en redes relacionados con la “belleza” porque quizás estemos consumiendo contenido de este “culto” en internet. 

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Laura Santi

Psicóloga Sanitaria (Col. AN10267). Área de Adicciones químicas y psicológicas y de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz).

Maternidad y TEA: impacto del procesamiento sensorial en el embarazo, parto y lactancia

Vamos a recordar nuestro embarazo, las revisiones ginecológicas, el día del parto, y la lactancia. Quiero que cierres los ojos e intentes recordar las revisiones ginecológicas, sentarte en el potro, las eco vaginales, las transvaginales, el camino a la sala de partos o el quirófano, los olores, los colores, las palabras de las enfermeras, matronas, ginecólogos, etc. Algunas mujeres lo recuerdan como algo casi mágico y otras en cambio lo recuerdan con dolor, largo y casi inhumano. Pero alguna vez te has parado a pensar cómo pueden llegar a vivirlo las mujeres con Trastorno del Espectro Autista (TEA.)

La maternidad en mujeres con TEA implica afrontar las mismas exigencias biológicas que cualquier mujer, pero bajo un procesamiento sensorial, emocional y cognitivo diferente. Las revisiones ginecológicas, el parto y la lactancia suponen una carga de estímulos físicos y sociales que pueden resultar especialmente desreguladores. En este artículo intento que se analicen las principales dificultades asociadas al embarazo avanzado, al momento del parto y al inicio de la crianza.

Revisiones ginecológicas durante el embarazo: vulnerabilidad y sobrecarga

Cuando la mujer se queda embarazada, se requiere de un seguimiento obstétrico que implica exploraciones repetidas: tactos vaginales, ecografías transvaginales, monitorizaciones, análisis sanguíneos, etc., procedimientos habituales en obstetricia que pueden resultar incómodos o invasivos, y que en mujeres con TEA pueden convertirse en experiencias claramente desbordantes.  Se estima que hasta el 80% de las personas con TEA presentan alteraciones en el procesamiento sensorial (Ben-Sasson et al., 2009).

Imaginemos ahora un tacto vaginal, en la mujer puede llegar a ser molesto, en cambio en la mujer con TEA la hipersensibilidad táctil puede convertir esta vivencia en una experiencia invasiva intensa. Lo mismo ocurre con la hipersensibilidad auditiva, al escuchar el corazón del bebé. Para las madres, es un momento muy especial, lo mismo ocurre para las madres con TEA, sin embargo, en este caso el ruido del monitor fetal lo pueden percibir amplificado, ya que no solo hablamos de intensidad sino también de la frecuencia del sonido, es decir la cantidad de vibraciones (cuanto más rápida es la vibración, mayor es la frecuencia y más agudo es el sonido.) La hipersensibilidad interoceptiva (señales internas del cuerpo como los latidos, la respiración, el hambre, etc.,) puede aumentar la percepción de presión, distensión o dolor.

Para ayudar a estas mujeres, existen programas de habituación ginecológica donde se describe cómo la exposición progresiva y estructurada reduce la evitación médica. Sin embargo, en el embarazo real los tiempos no siempre permiten una desensibilización ideal. Esto coloca a muchas mujeres en una posición de alta vulnerabilidad emocional.

Además, las dificultades en función ejecutiva (Russell, 2000) pueden incrementar la ansiedad ante la incertidumbre de resultados médicos o cambios en el plan de parto. La anticipación visual y la explicación detallada de procedimientos —principios derivados del modelo TEACCH (Mesibov et al., 2004)— no son un lujo, son una necesidad clínica.

El momento del parto: una tormenta sensorial

El parto en sí es, fisiológicamente, una experiencia intensa, nos encontramos con:

  • Dolor visceral creciente.
  • Cambios bruscos de postura.
  • Contacto físico frecuente con profesionales, y también por estudiantes.
  • Luz intensa.
  • Olores hospitalarios.
  • Ruidos de maquinaria y conversaciones.
  • Cambios imprevistos (inducción, cesárea urgente).

Pero para una mujer con TEA puede convertirse en una tormenta sensorial. Imaginemos que tenemos hipersensibilidad táctil, nos cuesta asimilar que nos toquen, y estas mujeres viven cada monitorización como invasión corporal. Para quien presenta hipersensibilidad auditiva, el entorno hospitalario puede resultar ensordecedor, el ruido de los monitores, el personal médico hablando a veces chillando, el sonido del instrumental, etc. Si, además, existe necesidad marcada de control y predictibilidad, la incertidumbre del proceso puede disparar respuestas de ansiedad o incluso bloqueo conductual.

Cuando esta sobrecarga ocurre sin adaptación ni anticipación suficiente, aumenta el riesgo de vivencia traumática del parto. En mujeres con TEA, el estrés extremo puede favorecer respuestas de disociación como mecanismo defensivo ante la saturación sensorial. Además, la combinación de dolor, imprevisibilidad y falta de control puede incrementar el riesgo de síntomas compatibles con TEPT posparto. Si la experiencia fue caótica o mal comunicada, puede existir dificultad para integrar narrativamente después, perpetuando el malestar psicológico.

Por ello, no es infrecuente que mujeres con TEA describan el parto como una experiencia traumática, no necesariamente por el dolor físico, sino por la pérdida de control y la sobrecarga sensorial. Por mucho que les expliquemos la diferencia entre un parto vaginal y una cesárea, la realidad supera muchas veces la vivencia subjetiva. Es muy importante trabajar con estas mujeres la psicoeducación, explicarles paso a paso qué puede ocurrir, quién estará presente, cuánto puede durar cada fase, y luego cumplirlo en el ámbito hospitalario.

Además, el estilo comunicativo durante el parto tiene un impacto directo en la regulación emocional. En mujeres con TEA, el lenguaje ambiguo o metafórico puede resultar desestabilizador bajo dolor intenso. Expresiones como “ahora viene lo peor”, “empuja fuerte” o “relájate” pueden generar confusión si no se acompañan de instrucciones concretas y secuenciales. La comunicación debe ser clara, literal y estructurada, indicando qué va a ocurrir, durante cuánto tiempo y qué se espera exactamente de la madre en cada momento.

Otro punto muy importante es el del consentimiento informado, pues este debe ser especialmente cuidadoso. No basta con firmar; es imprescindible comprobar la comprensión real bajo estrés.

La transición inmediata: contacto piel con piel y regulación

Una vez hemos dado a luz, se promueve el contacto piel con piel, este contacto debería ser al menos de dos horas seguidas sin interrupciones, ya que permite estabilizar la respiración, temperatura, frecuencia cardíaca y el azúcar del bebé, además de potenciar el vínculo afectivo y la lactancia materna. Desde la neurobiología es muy beneficioso, sin embargo, desde el punto de vista sensorial en estas madres, puede resultar ambivalente.

El contacto continuo, la temperatura corporal del bebé, su llanto agudo y los movimientos impredecibles pueden generar sobrecarga en mujeres con hipersensibilidad táctil y auditiva. Esto no debe interpretarse como una falta de vínculo, solo implica que el sistema nervioso de estas mamás procesa la estimulación de manera diferente. Además, las interpretaciones sociales de estas posibles reacciones “no parece emocionada” o “qué madre más fría”, añaden presión emocional innecesaria. Es fundamental saber diferenciar regulación sensorial de vinculación afectiva

Lactancia materna: estímulo constante, demanda constante

Para las madres, la lactancia supone:

  • Succión repetitiva.
  • Estimulación continua del pezón.
  • Cambios hormonales bruscos.
  • Falta de sueño.
  • Ritmo impredecible de tomas.

En madres con hipersensibilidad táctil, la succión puede resultar dolorosa incluso cuando técnicamente es correcta. En mujeres con dificultades interoceptivas, las sensaciones corporales asociadas a la subida de la leche pueden resultar desconcertantes. Es necesario informar y respetar las decisiones personales. La maternidad en TEA requiere exactamente de respeto informado. Forzar la lactancia en una madre que experimenta sobrecarga severa puede aumentar el riesgo de ansiedad o depresión posparto.

Muchas madres con TEA describen algo similar a lo que en la literatura anglosajona se denomina D-MER (Dysphoric Milk Ejection Reflex). No siempre es eso, pero la descarga sensorial + hormonal puede vivirse como malestar emocional súbito.

Para ello el apoyo debe centrarse en:

  • Explicar opciones (lactancia mixta o artificial).
  • Ajustar entornos (luz tenue, reducción de ruido).
  • Permitir pausas sensoriales.

En este apartado también podemos hablar del tema de la privación de sueño. La crianza temprana implica la fragmentación del sueño. La falta de descanso afecta significativamente a cualquier madre, pero especialmente a la mujer con TEA especialmente en la regulación emocional y en la función ejecutiva. Esto es sencillo de entender, si ya existe tendencia a la sobrecarga sensorial, la falta de sueño y la estimulación constante pueden generar irritabilidad, llanto frecuente o necesidad de aislamiento, y esto ser malinterpretado por el entorno como rechazo al bebé, cuando en realidad es una respuesta neurofisiológica ante la saturación.

En esta etapa la implicación del entorno, especialmente del padre, puede ayudar considerablemente a solucionar este problema. Por ello es muy importante que el padre y el entorno más cercano también reciba psicoeducación al respecto.

 Conclusión

El parto y la maternidad en mujeres con TEA no son problemáticos por definición, el problema radica en ignorar su sistema nervioso que responde de forma diferente a la estimulación. Por tanto, no necesitan un parto distinto en el plano médico, solo un entorno distinto en lo sensorial y lo comunicativo. Si nos esforzamos por crear una estructura, nos anticipamos y trabajamos en terapia la exposición gradual, veremos que se reduce significativamente la ansiedad de estas mamás. Es decir, aplicado al parto y al posparto:

  • Plan de parto sensorial (controlar la luz, el ruido y el número de personas).
  • Dar una información clara y secuencial.
  • Tener un profesional de referencia estable.
  • Crear espacios de recuperación con baja estimulación.

Referencias

·   García-Primo, P., et al. (2021). Perfil sensorial en personas con trastorno del espectro del autismo: implicaciones clínicas. Revista de Neurología, 72(Supl 1), S45–S53.

·   Canals, J., & Hernández-Martínez, C. (2020). Alteraciones sensoriales en el TEA y su impacto funcional. Anales de Pediatría, 93(5), 345.e1–345.e8.

·   Olza, I. (2020). Psicopatología perinatal y experiencia subjetiva del parto. Clínica y Salud, 31(3), 115–122.

·   Olza, I., & Fernández-Sánchez, M. (2021). Parto y trauma psicológico: revisión clínica. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 41(139), 87–102.

·   Autismo España (2022). Mujeres y TEA: necesidades específicas en salud y maternidad. Informe técnico.

·   López-Díaz, Á., & Pérez-Martín, J. (2021). Barreras en la atención sanitaria a mujeres con TEA en España. Revista Española de Discapacidad, 9(2), 55–72.

·   Samuel, P., Yew, R. Y., Hooley, M., Hickey, M., & Stokes, M. A. (2022). Sensory challenges experienced by autistic women during pregnancy and childbirth: a systematic review. Archives of Gynecology and Obstetrics.

·   Hampton, S., Allison, C., Baron-Cohen, S., & Holt, R. (2022). Autistic People’s Perinatal Experiences II: A Survey of Childbirth and Postnatal Experiences.

·   Hampton, S., Baron-Cohen, S., & Holt, R. (2022). A qualitative exploration of autistic mothers’ experiences during pregnancy.

·   Grant, A., Goy, R., McDonnell, E., & DeLucia, M. (2022). Autistic women’s views and experiences of infant feeding.

·   Westgate, V. & O’Mahen, H. (2024). Autistic Women’s Experiences of the Perinatal Period.

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Natalia Avellaneda

Psicóloga Sanitaria (Col. M-18157) y Psicooncóloga. Área de Psicooncología, enfermedades, dolor crónico y cuidados paliativos del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz).

The Global Rape Academy: Not all men?

Una investigación de la CNN ha dejado al descubierto una “Academia de Violación Global” (The Global Rape Academy).

Aunque la noticia es del 26 de marzo, se ha popularizado durante la semana pasada en las redes de nuestro país. He tardado una semana en poder escribir sobre ello, tras intentar procesar mis emociones. Es complicado no escribir de este tema desde la rabia, tristeza o miedo; por lo que me disculpo -por adelantado- si mis emociones afloran durante el escrito. 

Esta investigación se basa en el descubrimiento de escalofriantes chats grupales, en los cuales,  los hombres, se incitan mutuamente a drogar y agredir sexualmente a sus parejas e intercambian consejos para salir impunes.

Nuestro mundo cambia en 2024 con el caso de Giséle Pelicot.

Su marido, a través de una supuesta web de citas, en una sala llamada «Without Her Knowledge» (Sin su conocimiento), contactó con decenas de hombres para instigar las violaciones de su esposa. No olvidemos que ella estaba drogada e inconsciente y, en este estado, fue violada más de 200 veces, por aproximadamente 70 hombres, de los cuales no todos pudieron ser localizados por la policía.  Este caso puso de relieve este oscuro lugar de internet, aunque la web fue clausurada, el comportamiento no desapareció. 

Esta investigación de CNN -que duró varios meses- deja al descubierto un mundo donde la mercantilización y amplificación de la violencia sexual contra las mujeres está en auge. 

Entre los descubrimientos de esta investigación, está Motherless.com (una web pornográfica) que alberga más de 20.000 vídeos de contenido supuestamente erótico, subidos por los usuarios, con cientos de miles de visualizaciones. Este sitio registró alrededor de 62 millones de visitas solo en febrero, para que os hagáis una idea aproximada de la cantidad de personas puede ser equivalente al sumatorio de la población masculina de España, Francia y Portugal. Esta web se describe a sí misma como un «servidor de archivos moralmente libre donde se aloja permanentemente cualquier contenido legal». La legalidad de parte del material publicado es muy cuestionable. El contenido supuestamente erótico se clasifica mediante etiquetas descriptivas como #desmayo, #revisiónocular, #incestoreal, #estrangulado, #chantaje, #dormir, etc. En estos vídeos, los hombres se graban levantando los párpados cerrados de las mujeres para demostrar que están dormidas o sedadas, algunos vídeos de este tipo han superado las 50.000 visualizaciones. Dentro de la comunidad de «dormir» de Motherless los miembros intercambian consejos sobre cómo drogar a sus parejas.

En el grupo de chat (de Telegram) «Zzz» hacen lo mismo.

Un usuario afirmaba dirigir un negocio de venta y envío de «líquidos para dormir» a cualquier dirección del mundo. El hombre indicaba en su cuenta de Telegram, que una botella del líquido costaría 150 euros, el cual era insípido e inodoro. «Tu esposa no sentirá nada y no recordará nada», afirmaba. Para los usuarios de la comunidad en línea de «pornografía del sueño», la emoción del abuso no reside solo en el acto en sí, sino en la dinámica colectiva que lo rodea, explicó Annabelle Montagne, psicóloga que evaluó a la mitad de los hombres condenados en el juicio de Pelicot, incluido Dominique.

Dentro de estos grupos, el video es el elemento dominante. Algunos usuarios anunciaban retransmisiones en vivo, mostrando el abuso de mujeres drogadas en tiempo real, por 20 dólares por espectador, siendo las criptomonedas el medio de pago preferido.

Los hombres de estos grupos operan protegidos por el anonimato de internet. Pero también encuentran un sentido de comunidad y una camaradería perversa, al normalizar el abuso. Dentro de estos sitios, existe esta noción de “hermandad», los participantes crean vínculos que satisfacen y refuerzan sus necesidades narcisistas.

Según los expertos, algunas formas de pornografía han normalizado, durante mucho tiempo, la violencia contra las mujeres como entretenimiento y los algoritmos, que favorecen el contenido extremo, impulsan aún más el material de explotación hacia las mujeres.  Esta investigación es la prueba de que la violencia contra las mujeres no desapareció, solo se modernizó. 

Mientras tanto, el panorama de las agresiones sexuales facilitadas por drogas sigue evolucionando, con los perpetradores recurriendo a medicamentos recetados más accesibles que actúan rápidamente y dejan pocos rastros en el organismo, a diferencia de las drogas utilizadas en el pasado para la violación. Esto dificulta que estos casos lleguen a juicio. Muchos casos no se denuncian porque las víctimas sienten vergüenza, culpa o responsabilidad percibida; o porque tienen recuerdos limitados de la agresión.

McGlynn, profesora de derecho, declaró que, si bien la ley generalmente está bien preparada para abarcar la gama de delitos cometidos por hombres que drogan y violan a sus parejas, el fenómeno global en línea persiste debido a la reticencia de los gobiernos a atacar lo que ella considera el núcleo del problema: las plataformas en línea.

¿Qué se necesita de los hombres? ¿Cómo reaccionar a los “yo no haría eso”? 

Ya no basta con decir “yo no soy así”, es necesario confrontarlo, denunciarlo, romper el grupo, señalar al amigo que lo hace, no reír la broma, no compartir el link, no mirar hacia otro lado. La neutralidad masculina también protege a los agresores. Porque este tema no es solo de mujeres. Sí, afecta de manera desproporcionada a las mujeres; pero es un ejemplo de cómo se socializa a los hombres en la complicidad, la indiferencia o el silencio. Si la sociedad hace que los hombres miren hacia otro lado, la violencia no desaparecerá. Esto no va de “deseo”, va de deshumanización, de hombres que convierten a una mujer en un objeto porque creen que pueden. 

La delegación de Mujer de la ONU ya alerta de que la violencia mediada por la tecnología contra mujeres y niñas alcanza rangos altísimos y, casi la mitad de ellas, no cuenta con protección suficiente frente al abuso digital. Hay estudios que cifran que el 99% de las víctimas del abuso sexual con deepfakes íntimos retratan a mujeres, el 77% de las mujeres evitan expresar sus opiniones públicamente en medios online por miedo al abuso. La tecnología no inventó la misoginia, solo la escaló. 

https://edition.cnn.com/interactive/2026/03/world/expose-rape-assault-online-vis-intl/index.html

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Laura Santi

Psicóloga Sanitaria (Col. AN10267). Área de Adicciones químicas y psicológicas y de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz).

Infancia y dolor crónico en familia: impacto en salud mental

Cuando pensamos en el dolor crónico, solemos centrarnos en quien lo padece, y esto es un error, ya que este problema de salud va mucho más allá de la persona, afecta profundamente a todo el entorno familiar, especialmente a los hijos. En los últimos años, la psicología ha puesto el foco en estos niños y adolescentes, y lo que vemos es claro, convivir con un padre o una madre con dolor crónico puede influir en su desarrollo emocional, social e incluso físico. 

El dolor crónico es aquel que persiste durante meses o años y suele ir acompañado de fatiga, irritabilidad, ansiedad o depresión. En la mayoría de los casos esto puede dificultar la disponibilidad emocional del progenitor. No debemos entenderlo como falta de afecto, sino una limitación real.  Hay días en los que el dolor reduce la paciencia, la energía o la capacidad de atención. Para un niño, esto puede traducirse en confusión, inseguridad o sensación de inestabilidad.

La evidencia científica indica que estos niños presentan, en promedio, mayor riesgo de desarrollar dificultades emocionales como ansiedad o tristeza persistente (Cáceres-Matos et al., 2019). También pueden mostrar mayor sensibilidad al estrés o dificultades en la regulación emocional. En la mayoría de los casos, no es el dolor en sí lo que más impacta, sino el clima emocional que se genera alrededor de él.

Muchos de estos niños no comprenden bien lo que ocurre en casa. Los más pequeños, en particular, pueden interpretar el dolor como una enfermedad constante o incluso sentirse responsables de lo que sucede. Por eso, la comunicación clara y adaptada a la edad es un factor protector clave.

Otro fenómeno clave es la “parentificación”, es decir, cuando los niños asumen roles que no les corresponden por edad. Por ejemplo, pueden encargarse de tareas domésticas o cuidar emocionalmente al progenitor. Esto tiene una doble cara, por un lado, puede fomentar la madurez y la empatía, pero también puede generar sobrecarga emocional si se mantiene en el tiempo.

Uno de los hallazgos más interesantes de la investigación es la llamada transmisión intergeneracional del dolor. Los hijos de padres con dolor crónico tienen más probabilidades de desarrollar problemas similares en el futuro (Stone & Wilson, 2016). ¿Significa que es inevitable? No.

Entran en juego no solo los factores biológicos, sino también el aprendizaje. Es decir, los niños observan cómo sus padres interpretan y reaccionan al dolor, y pueden interiorizar esas formas de afrontarlo. Por ejemplo, si el dolor se vive con miedo, evitación o catastrofismo, es más probable que el niño adopte esas mismas respuestas. En cambio, si se promueve una actitud de afrontamiento activo y realista, el impacto puede ser mucho menor (Miró et al., 2018).

¿Qué podemos hacer en estos casos? 

El entorno familiar juega un papel clave. Mantener una comunicación clara, ofrecer apoyo emocional y sostener cierta estabilidad ayuda a reducir el impacto del dolor crónico en los hijos. No se trata de eliminar el problema, sino de aprender a gestionarlo dentro del hogar. Además, entrenar a los niños en la identificación y regulación emocional les permite comprender mejor lo que sienten y responder de forma más adaptativa, reduciendo la sobrecarga emocional. (Ferrer Peñafiel, 2019).

También es importante destacar que no todos los hijos de padres con dolor crónico desarrollan dificultades. Muchos muestran una notable capacidad de adaptación. La resiliencia, es decir, la habilidad para afrontar situaciones adversas puede fortalecerse cuando el niño cuenta con otros apoyos como otro cuidador disponible, familiares, profesores o incluso amigos.

En este sentido, la intervención psicológica no debe centrarse únicamente en la persona con dolor, sino en la familia como sistema. Programas de psicoeducación, apoyo emocional, mejora de la comunicación familiar, entrenamiento en identificación y regulación emocional han demostrado ser útiles para reducir el impacto en los hijos.

Conclusión

En conclusión, crecer con un padre o madre con dolor crónico puede suponer un desafío importante, pero no determina el futuro del niño. Comprender lo que ocurre, hablarlo abiertamente y ofrecer apoyo adecuado puede marcar una gran diferencia. La clave no solo está en el dolor, sino en cómo la familia aprende a convivir con él.

Referencias

  • Cáceres-Matos, R., Gil-García, E., Barrientos-Trigo, S., Porcel-Gálvez, A. M., & Cabrera-Troya, J. (2019). Consecuencias del dolor crónico en la infancia y adolescencia. Gaceta Sanitaria, 33(3), 272–279. 
  • Ferrer Peñafiel, L. (2019). ¿Existe relación entre el apoyo familiar y el dolor crónico? Una revisión bibliográfica. Universidad de las Islas Baleares. 
  • Miró, J., McGrath, P. J., & Finley, G. A. (2018). Psicología del dolor crónico infantil. Sociedad Española del Dolor. 
  • Stone, A. L., & Wilson, A. C. (2016). Transmission of risk from parents with chronic pain to offspring: An integrative conceptual model. Pain, 157(12), 2628–2639. 

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Natalia Avellaneda

Psicóloga Sanitaria (Col. M-18157) y Psicooncóloga. Área de Psicooncología, enfermedades, dolor crónico y cuidados paliativos del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz).

¿Son las bebidas energéticas un problema para los jóvenes?

Hace unas semanas La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado (CEAPA) lanzó una campaña con el lema “Dan la lata, no alas”; en ella, conciencian sobre lo que se ha convertido en un problema para los jóvenes: el consumo de bebidas energéticas. 

Esta acción destaca la normalización social del consumo de este tipo de bebidas que generan efectos negativos sobre el sueño, rendimiento escolar, estado emocional, salud mental y física de los jóvenes Este tipo de productos contienen en altas dosis cafeína, azúcares y otros estimulantes, que ya han demostrado ser perjudiciales en la infancia y adolescencia. 

Hay poca información y por ello, muchas familias desconocen los efectos secundarios del consumo. Tenemos que desmitificar la idea de que son “simples refrescos”. Una lata de este tipo de bebidas puede contener entre 70 y 80 mg de cafeína (esto equivale al consumo de dos o tres cafés). Por otro lado el azúcar, entre 27 y 35 g, lo que supone más del 100% de la ingesta diaria recomendada para menores. Por último, suelen incluir otros estimulantes como taurina, guaraná o ginseng, sustancias para las que no existe una regulación específica en población infantil y adolescente.

En el campo de la salud, los efectos son diversos. En primer lugar nos encontramos ante el insomnio, la falta de descanso provoca cansancio acumulado y afecta directamente a la memoria, la concentración y el estado de ánimo. A continuación, también se destacan  ansiedad, nerviosismo e irritabilidad; con manifestaciones frecuentes como cambios bruscos de humor, agresividad o inquietud constante que pueden estar directamente relacionados con el consumo de bebidas energéticas.

Siguiendo con los efectos en salud mental y física, tenemos la dependencia, la cafeína genera tolerancia e impulsa al aumento progresivo de la cantidad consumida para lograr el mismo efecto. A nivel académico, el informe destaca efectos como bajo rendimiento escolar, los jóvenes que consumen este tipo de bebidas obtienen peores resultados académicos, en gran medida debido a la alteración del sueño y al impacto negativo sobre los procesos de aprendizaje.

Los datos actuales son alarmantes. El 47,7% de los y las adolescentes de entre 14 y 18 años consume bebidas energéticas de forma regular, mientras que el 38% de los y las menores de 12 y 13 años ya las ha probado. Sin tener en cuenta la combinación con el alcohol, uno de cada diez menores de 12 años reconoce haberlas mezclado con bebidas alcohólicas, porcentaje que asciende al 19,5 % entre los adolescentes.

La campaña entiende a la familia como primera barrera de protección frente al consumo de bebidas energéticas, centrándose en tres ejes: 

  1. Informarse y reconocer las señales: signos de insomnio, irritabilidad, nerviosismo constante, descenso del rendimiento escolar o la petición frecuente de dinero para comprar estas bebidas. 
  2. Hablar con los hijos/as: hablar abiertamente con los hijos e hijas, explicándoles qué contienen realmente estos productos y desmontar su mensaje publicitario.
  3. Establecer límites claros desde el ejemplo: no permitir su consumo en casa, ofrecer alternativas saludables y fomentar hábitos que realmente mejoran la energía.

El ejemplo adulto resulta clave, si las personas adultas no las consumen, los menores difícilmente las percibirán como algo normal.

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Laura Santi

Psicóloga Sanitaria (Col. AN10267). Área de Adicciones químicas y psicológicas y de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz).

Mi hijo es un acosador: la otra cara del bullying

Recibir la noticia de que un hijo es la víctima de acoso escolar es devastador; sin embargo, descubrir que tu hijo es el acosador provoca una fractura emocional distinta, cargada de culpa, negación y desconcierto. Admitir que el niño al que hemos arrullado es quien inflige sufrimiento a otros es uno de los desafíos más amargos para cualquier padre o madre. No obstante, abordar esta problemática desde la psicología es el único camino para detener el ciclo de violencia.

¿Por qué ocurre? Las raíces del comportamiento agresivo

El acoso no surge en el vacío. Según la Teoría del Aprendizaje Social de Albert Bandura, los niños aprenden conductas mediante la observación y la imitación. Sin embargo, las razones son multifactoriales:

  • Necesidad de control y estatus: Un estudio publicado en The Journal of Early Adolescence sugiere que muchos acosadores utilizan la agresión como una herramienta social para ganar poder y visibilidad dentro de su grupo de iguales.
  • Falta de empatía o gestión emocional: La incapacidad para reconocer el dolor ajeno o regular la propia frustración suele estar presente.
  • Ambientes familiares disfuncionales o excesivamente rígidos: La exposición a la violencia doméstica o, por el contrario, la ausencia de límites claros, puede normalizar la conducta dominante.

El impacto en el núcleo familiar

Cuando el diagnóstico de «acosador» llega a casa, la familia experimenta un efecto de onda expansiva. Primero aparece la negación («Mi hijo no es capaz»), seguida de la vergüenza social. Los padres suelen aislarse por miedo al juicio de otros progenitores y de la escuela.

Psicológicamente, esto puede generar un clima de tensión constante, donde los padres oscilan entre el castigo severo y la sobreprotección compensatoria. La dinámica familiar se fractura, y a menudo surge el conflicto entre la pareja sobre quién tiene la culpa de la educación del menor.

Estrategias para abordar la situación como padres

Si has confirmado que tu hijo está acosando a otros, la intervención debe ser inmediata y firme, pero constructiva:

  1. Aceptación sin etiquetas: Es vital separar la conducta del ser. No es un «niño malo», es un niño que está teniendo «conductas inaceptables». Esto permite trabajar en el cambio sin destruir su autoestima.
  2. Responsabilidad, no solo castigo: El castigo retributivo suele generar más resentimiento. La psicología moderna apuesta por las consecuencias restaurativas. Si dañó la propiedad de alguien o su integridad emocional, debe realizar acciones que reparen activamente ese daño.
  3. Desarrollo de la Empatía Cognitiva: Según estudios de la Universidad de Cambridge, la empatía puede entrenarse. Ejercicios de toma de perspectiva («¿Cómo crees que se siente él cuando haces eso?») son fundamentales para reconectar al niño con la humanidad de su víctima.

Cómo tratar al niño acosador: Intervención profesional

La evidencia científica, como la presentada por el Programa Olweus (uno de los más eficaces a nivel mundial), indica que la intervención debe ser sistémica:

  • Terapia Cognitivo-Conductual: Para identificar los disparadores de la agresión y sustituirlos por respuestas asertivas.
  • Entrenamiento en habilidades sociales: Muchos acosadores en realidad no saben cómo liderar o interactuar de forma sana, recurriendo a la fuerza por carencia de herramientas comunicativas.
  • Supervisión y límites coherentes: Es imperativo que el niño sienta que sus acciones tienen un seguimiento real y que la impunidad no es una opción.

Un llamado a la acción

Como sociedad, tendemos a demonizar al acosador y victimizar a la familia de quien sufre. Pero ignorar al niño que agrede es condenarlo a convertirse en un adulto desadaptado, violento o infeliz. Un estudio longitudinal realizado por el psicólogo Dan Olweus demostró que los niños acosadores tienen un riesgo significativamente mayor de presentar antecedentes penales en la edad adulta si no son tratados a tiempo.

Abordar el problema hoy no es solo un acto de justicia para la víctima, sino un acto de amor y rescate para el propio hijo. La intervención temprana es la diferencia entre un error de juventud y un destino marcado por la oscuridad.

Recuerda siempre: El niño que hoy apaga la luz de un compañero, está condenando su propio futuro a vivir en las sombras.

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https://www.defensoria.unam.mx/web/publicaciones/UNA_VISION_COMPARADA.pdf#page=61

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Sebastián Villanueva

Director del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz). Psicólogo Sanitario (Col. M-33875). Responsable del Área de Psicología Afirmativa y Diversidad LGBTIQ+.

¡A MÍ ME HABLAS EN CRISTIANO! La evolución del lenguaje: de abuelos a centennials.

El lenguaje es como un río: nunca se detiene, siempre está cambiando. Lo que decimos y cómo lo decimos refleja tanto la época en la que vivimos como nuestra personalidad, entorno y tecnología. Si alguna vez has escuchado a un joven hablar y has sentido que estaba usando «otra lengua», ¡tranquilidad! No es cosa de ahora ni de esta generación; el lenguaje siempre ha evolucionado, adaptándose a los tiempos e inventando nuevas formas de comunicación.

Un repaso histórico: el lenguaje también fue joven

Vamos a viajar un poco al pasado. En la Edad Media, los trovadores popularizaron expresiones que los sabios de la época consideraban «vulgares». Más tarde, durante el Siglo de Oro, los jóvenes de entonces también usaban palabras y frases que sus mayores encontraban incomprensibles. Incluso en el siglo XIX surgieron expresiones como “guay” o “chachi” que hoy nos parecen de toda la vida, pero que en su momento fueron revolucionarias.

En los años 80 y 90, términos como “molar”, “tronco”, “colega” o “flipar” causaron cierto desconcierto entre quienes crecieron con “caray” o “estupendo”. La llegada de internet y los móviles aceleró aún más este proceso. De repente, palabras como “LOL” o “crush” se colaron en las conversaciones cotidianas y, hoy, son casi universales entre los adolescentes.

El lenguaje juvenil: evolución, no revolución

Las nuevas expresiones no surgen porque los jóvenes quieran romper con el pasado, sino porque buscan formas propias de identidad, pertenencia y creatividad. El lenguaje juvenil es un laboratorio de pruebas: se experimenta, se juega, se transforma. A veces, estas expresiones desaparecen rápidamente; otras, terminan integrándose en el habla común y pasan a formar parte del vocabulario de todos. No es algo exclusivo de la juventud actual: sucede en todas las épocas y en todas las lenguas.

Además, la llegada de las redes sociales ha hecho que los cambios lingüísticos se propaguen a una velocidad de vértigo. Lo que antes tardaba décadas en consolidarse, ahora puede dar la vuelta al mundo en cuestión de días.

20 expresiones juveniles que están «on fire»

A continuación, recopilamos 20 expresiones que hoy arrasan entre los más jóvenes en España. Si alguna te resulta extraña, ¡no te preocupes! Quizá dentro de unos años la uses tú también:

  1. Crush: Persona que te gusta o por la que sientes una atracción especial.
  2. Shippear: Desear que dos personas (reales o ficticias) sean pareja.
  3. Algo random: Algo inesperado o fuera de contexto.
  4. Hype: Emoción o expectación intensa por algo.
  5. FOMO: Miedo a perderse algo interesante o divertido.
  6. Stalkear: Investigar a alguien, sobre todo en redes sociales.
  7. LOL: Risa en internet, equivalente a “me parto de risa”.
  8. Fail: Fracaso, metedura de pata.
  9. Flexear: Presumir o alardear de algo.
  10. Salseo: Cotilleo o chisme jugoso.
  11. Full equip: Ir bien preparado, tener de todo.
  12. Chill: Tranquilo, sin agobios.
  13. Cringe: Algo que provoca vergüenza ajena.
  14. Spoiler: Revelar información clave de una serie, película o libro.
  15. Bro: Amigo, colega.
  16. Literal: Usado para enfatizar que algo es exactamente así, sin exageración.
  17. Alguien random: Persona o cosa inesperada o desconocida.
  18. Mood: Estado de ánimo.
  19. Glow up: Cambio físico o personal positivo.
  20. On fire: Estar en racha, hacerlo todo bien.

Conclusión: el lenguaje es una celebración del cambio

La evolución del lenguaje es una muestra de la creatividad humana y de la capacidad que tenemos para adaptarnos a los tiempos. Estas nuevas expresiones no sustituyen al idioma, sino que lo enriquecen, lo rejuvenecen y lo hacen más diverso. Así que, la próxima vez que escuches una palabra que no entiendes, recuerda: quizás sea solo cuestión de tiempo que se convierta en parte de tu vocabulario habitual.

Y si todo esto te ha dejado “cringe”, “random” o “on fire”, tranquilo: el lenguaje, como la moda, siempre vuelve… ¡aunque a veces lo haga en chándal y con calcetines blancos!

Glosario para entender cómo hablan los y las jóvenes de la generación Z
De ghosting a shippear: las palabras que usan los jóvenes de la Generación Z (y que sus padres no entienden)

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Sebastián Villanueva

Director del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz). Psicólogo Sanitario (Col. M-33875). Responsable del Área de Psicología Afirmativa y Diversidad LGBTIQ+.

La polarización social: impacto, mecanismos y caminos hacia la reconciliación

En los últimos años, la polarización social se ha convertido en un fenómeno omnipresente que atraviesa fronteras, ideologías y generaciones. Este proceso, definido como la tendencia de la sociedad a dividirse en grupos opuestos que mantienen posturas cada vez más extremas e irreconciliables, no solo afecta la esfera política, sino que penetra en el tejido de las relaciones interpersonales, generando tensiones y distanciamientos incluso en ámbitos tradicionalmente considerados seguros, como la familia o el círculo de amistades. Comprender los mecanismos y consecuencias de esta polarización es esencial para encontrar vías de superación y fortalecer la cohesión social.

Impacto en las relaciones interpersonales

La polarización no es un fenómeno abstracto; sus efectos se manifiestan en la vida cotidiana de las personas. Distintos estudios han evidenciado que los conflictos derivados de diferencias ideológicas han aumentado en frecuencia e intensidad, afectando negativamente la calidad de las relaciones personales. Según una investigación publicada en Science (Bail et al., 2018), la exposición a opiniones opuestas en redes sociales puede incrementar el rechazo hacia quienes piensan diferente, en lugar de fomentar la comprensión. Esta tendencia se traduce en discusiones familiares, rupturas de amistades y un clima general de desconfianza, que dificulta la cooperación y el diálogo.

Ejemplos cotidianos abundan: comidas familiares que derivan en tensiones por temas políticos, grupos de amigos que evitan ciertos asuntos para no generar malestar, o incluso la autoexclusión de espacios sociales por miedo al juicio o la confrontación. Así, la polarización erosiona la base de la convivencia, debilitando los lazos que sostienen la vida en comunidad.

Mecanismos que refuerzan la polarización

Diversos factores contribuyen a la intensificación de la polarización. Uno de los más destacados es el papel de las redes sociales, que, a través de algoritmos de recomendación, tienden a mostrar a los usuarios contenidos afines a sus creencias, reforzando el llamado «sesgo de confirmación». Este fenómeno, ampliamente documentado en el ámbito de la psicología social (Sunstein, 2017), lleva a las personas a buscar y valorar información que coincide con sus ideas previas, ignorando o rechazando la que las contradice.

Los medios de comunicación tradicionales tampoco son ajenos a este proceso. La tendencia a segmentar audiencias y ofrecer narrativas polarizadas contribuye a la creación de «cámaras de eco», donde las posturas opuestas rara vez se encuentran y el debate se sustituye por la reafirmación de convicciones. Un estudio de Pew Research Center (2020) señala que esta fragmentación mediática alimenta la percepción de que el «otro» es no solo diferente, sino potencialmente una amenaza.

Efectos psicológicos asociados

La polarización tiene un impacto significativo en la salud mental y el bienestar emocional de las personas. El estrés y la ansiedad derivados de la exposición constante a conflictos y discursos hostiles son efectos ampliamente reconocidos. Investigaciones recientes han mostrado que el tribalismo social —la tendencia a identificar fuertemente con un grupo y rechazar al otro— puede aumentar sentimientos de inseguridad e incluso de hostilidad (Iyengar & Westwood, 2015).

Además, el aislamiento social y la pérdida de referentes compartidos pueden generar una sensación de soledad y desarraigo. Un metaanálisis publicado en Nature Human Behaviour (2021) concluye que la polarización política está asociada con una mayor prevalencia de síntomas depresivos y una reducción en la satisfacción vital, especialmente en contextos donde el enfrentamiento es constante y la reconciliación parece inalcanzable.

Formas de combatir la polarización

Frente a este panorama, la ciencia propone diversas estrategias para mitigar la polarización y fomentar una sociedad más cohesionada. La educación en pensamiento crítico y alfabetización mediática se revela como una herramienta fundamental para que las personas puedan identificar sesgos y manipulación informativa. Programas de diálogo estructurado, como los desarrollados por la Universidad de Harvard (Paluck et al., 2019), han demostrado que el intercambio respetuoso de opiniones, en un marco de empatía y escucha activa, puede reducir prejuicios y abrir espacios de entendimiento.

Fomentar la empatía y la perspectiva múltiple, tanto en entornos educativos como en la vida cotidiana, ayuda a desactivar los mecanismos automáticos de rechazo y a reconocer la humanidad compartida más allá de las diferencias. La evidencia sugiere que pequeñas intervenciones, como la cooperación en proyectos comunes o la narración de experiencias personales, pueden ser muy efectivas para tender puentes y reconstruir la confianza (Broockman & Kalla, 2016).

Conclusión

La polarización social representa uno de los mayores retos de nuestro tiempo, pero también una oportunidad para repensar la manera en que nos relacionamos y construimos comunidad. Solo a través del compromiso colectivo con la educación, el diálogo y la empatía podremos superar las barreras que nos separan y avanzar hacia una convivencia más justa y solidaria. Porque, al final, lo que nos une es mucho más profundo que lo que nos divide: la esperanza de un futuro donde la diversidad sea fuente de riqueza, y no de enfrentamiento.

 Polarización política y medios de comunicación, su impacto en la democracia y en la sociedad – ProQuest
0718-090X-revcipol-S0718-090X2023005000102.pdf 

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Sebastián Villanueva

Director del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz). Psicólogo Sanitario (Col. M-33875). Responsable del Área de Psicología Afirmativa y Diversidad LGBTIQ+.

Sé que tengo que hacerlo, pero, ¿por qué me cuesta tanto romper esta relación?

En el imaginario colectivo, el final de una relación suele asociarse con la aparición de conflictos insalvables o la ausencia de amor. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja: muchas personas permanecen en relaciones en las que ya no sienten nada por su pareja, atrapadas en una rutina emocional que parece imposible de romper. ¿Por qué resulta tan difícil dar el paso, incluso cuando el afecto se ha desvanecido? La respuesta, en gran parte, reside en los sesgos cognitivos que distorsionan nuestra percepción y justifican el inmovilismo, con consecuencias profundas para nuestro bienestar emocional.

La trampa de los sesgos cognitivos: ¿Por qué nos quedamos?

Los sesgos cognitivos son atajos mentales que nos ayudan a procesar la información de forma rápida, pero que a menudo nos llevan a errores de juicio. En el contexto de las relaciones, estos sesgos pueden convertirse en poderosos aliados de la inercia. El sesgo de coste hundido, por ejemplo, nos hace pensar que debemos seguir invirtiendo en una relación solo porque ya hemos invertido mucho tiempo, energía o emociones, aunque la situación sea insatisfactoria (Arkes & Blumer, 1985). Otro sesgo frecuente es el de confirmación, que nos lleva a buscar y recordar solo aquellos detalles que justifican nuestra decisión de quedarnos, ignorando las señales de insatisfacción o desamor.

La disonancia cognitiva, descrita por Festinger (1957), también juega un papel crucial: para evitar el malestar de reconocer que la relación ya no nos aporta felicidad, tendemos a minimizar los problemas o a sobrevalorar aspectos positivos que ya no existen. Estudios recientes en psicología social muestran que la presión social y el miedo al cambio refuerzan estos sesgos, dificultando aún más la toma de decisiones racionales (Joel et al., 2018). Así, la mente construye justificaciones que nos anclan en el pasado, aunque nuestro corazón haya partido hace tiempo.

Consecuencias personales de no romper a tiempo

La permanencia en una relación sin amor tiene efectos devastadores en el bienestar emocional. Diversas investigaciones han demostrado que la insatisfacción prolongada puede derivar en síntomas de ansiedad, depresión y baja autoestima (Kamp Dush & Amato, 2005). Además, se produce una pérdida progresiva de motivación y energía vital, así como una disminución de la capacidad para establecer vínculos sanos en el futuro. El miedo a estar solo o a enfrentar el duelo de la ruptura puede parecer abrumador, pero a largo plazo, quedarse por inercia suele resultar mucho más dañino.

La autopercepción también sufre: al anteponer las necesidades de la pareja o el miedo al qué dirán, se erosiona la identidad personal y la capacidad de tomar decisiones autónomas. Este estancamiento emocional puede afectar otras áreas de la vida, como el trabajo, las amistades y la salud física, generando un círculo vicioso del que resulta cada vez más difícil salir.

La importancia de irse antes de que sea demasiado tarde

Salir de una relación sin amor no es un acto de egoísmo, sino de responsabilidad emocional. Tomar la decisión a tiempo permite recuperar la autonomía, reconstruir la autoestima y abrirse a nuevas oportunidades de crecimiento personal. Numerosos estudios sugieren que quienes afrontan la ruptura de manera consciente experimentan, tras el duelo inicial, un aumento significativo en su bienestar y satisfacción vital (Tashiro & Frazier, 2003). Esperar demasiado solo agrava el sufrimiento y reduce la capacidad de reconstruir una vida plena.

10 estrategias prácticas para afrontar el proceso

  1. Reconoce tus emociones: Acepta que ya no sientes lo mismo y valida tus sentimientos sin juzgarte.
  2. Identifica los sesgos: Reflexiona sobre los pensamientos que te mantienen en la relación y cuestiona su validez.
  3. Busca apoyo externo: Habla con amigos, familiares o un profesional para ganar perspectiva y sentirte acompañado.
  4. Evita la idealización: Haz una lista honesta de los aspectos negativos y positivos de la relación.
  5. Proyecta tu futuro: Imagina cómo sería tu vida fuera de la relación y visualiza tus objetivos personales.
  6. Establece límites: Si decides romper, comunica tu decisión de forma clara y respetuosa.
  7. No temas la soledad: Aprovecha el tiempo para redescubrir tus intereses y fortalecer tu independencia.
  8. Cuida tu bienestar físico: Mantén hábitos saludables para gestionar el estrés y mejorar tu estado de ánimo.
  9. Permítete sentir: No reprimas el dolor de la ruptura; el duelo es parte del proceso de sanación.
  10. Aprende de la experiencia: Reflexiona sobre lo aprendido para evitar repetir patrones en el futuro.

Conclusión

Romper una relación cuando ya no se siente amor es un reto que pone a prueba nuestra mente y nuestro corazón. Los sesgos cognitivos pueden ser trampas sutiles que nos mantienen atados a lo conocido, pero reconocerlos es el primer paso hacia una vida más auténtica y plena. No hay mayor acto de valentía que elegir el propio bienestar y dar el paso antes de que sea demasiado tarde.

Porque quedarse donde no hay amor es renunciar a la posibilidad de volver a sentirlo.

 Consequences-of-relationship-status-and-quality-for-subjective-well-being.pdf
“I’ll never be in a relationship like that again”: Personal growth following romantic relationship breakups – Tashiro – 2003 – Personal Relationships – Wiley Online Library

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Sebastián Villanueva

Director del Centro Sanitario ESTUPENDAmente! en El Puerto de Santa María (Cádiz). Psicólogo Sanitario (Col. M-33875). Responsable del Área de Psicología Afirmativa y Diversidad LGBTIQ+.